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Una historia desagradable escrita por Fiodor Dostoievski

El ruso Fiodor Mijailovich Dostoievski (1821-1881), considerado uno de los novelistas más importantes de la literatura universal, pasó de una juventud revolucionaria, con pena de muerte suspendida a último momento y una larga prisión en Siberia, a una adultez vinculada a un misticismo crítico con respecto al nihilismo de su primera época.

Su primera novela, Pobres gentes (1846), escrita antes de su encarcelamiento, trata sobre la desgraciada historia de amor de un humilde funcionario estatal, y recibió grandes elogios por su tratamiento de los pobres, víctimas de sus terribles circunstancias, para muchos con gran influencia de su admirado de entonces, el francés Honorato de Balzac.

A su vuelta  en 1859, cambia el enfoque pero su capacidad literaria sigue intacta, al igual que su interés por el hombre. Estaba convencido de que el futuro de la humanidad se hallaba en juego. Por eso sus obras no abordan temas históricos sino actuales. “El hombre en la superficie de la tierra no tiene derecho a dar la espalda y a ignorar lo que sucede en el mundo, y para ello existen causas morales supremas”, decía. Y su realismo no se detuvo ante las facetas más oscuras del espíritu humano sino, por el contrario, penetró en ellas, colocando a los héroes de sus novelas en las situaciones más extremas, rastreando sus conflictos interiores y sus motivaciones más profundas. Consideraba su deber, en cuanto escritor, encontrar el ideal que late en el corazón del hombre, “rehabilitar al individuo destruido, aplastado por el injusto yugo de las circunstancias, del estancamiento secular y de los prejuicios sociales.”

Esa temática, y el modo de abordarla, se adelantó a los estudios psicoanalíticos sobre el inconsciente, al surrealismo y al existencialismo. Y en lo literario, tal vez haya sido su gran aporte el haber colocado al narrador dentro de la obra, no en la postura de quien relata una historia ajena.

“Una historia desagradable” aparece en 1862, y describe los sentimientos contradictorios ocasionados por las reformas sociales impulsadas por el zar Alejandro II, cuando la modernidad intentaba dejar de lado la cruel esclavitud y las clases dominantes dudaban entre mostrarse inflexibles con sus subordinados o acercarse al espíritu de liberalidad de otros países de Europa, y los reprimidos luchaban por su felicidad, en medio de la desesperanza.

En esa lucha interior se debate el protagonista de la historia, Iván Ilich Pralinski, que se considera un defensor de las ideas liberales, pero que en su interior guarda los prejuicios y el desprecio propio de los funcionarios estatales hacia las clases más bajas; una forma de ser que tan minuciosamente es desnudada por Dostoievski en la primera parte de la historia, cuando se reúne con sus colegas, antes de verse envuelto en los acontecimientos que se anuncian en el título del libro.

La lectura de Una historia desagradable bien vale la pena, no sólo por el autor, por ser muy poco conocida entre sus obras y por desnudar, en parte, esa tan complicada “alma rusa”, que aún hoy presenta tantas incógnitas, sino también porque la edición de La Compañía permite gozar de una introducción del crítico Noé Jitrik sobre el autor y su obra. Y como si fuera poco, se complementa con un posfacio a cargo de la traductora Luisa Borovsky, que ubica la época y analiza el texto presentado.

R.B.

Una historia desagradable

Fiodor Dostoievski

116 pág.  $65.

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julio 28, 2012 Posted by | Uncategorized | , , , , | Deja un comentario

Anton Chejov: “Cuaderno de notas”

La editorial La Compañía publicó hace un par de años “Cuaderno de notas”, del escritor ruso Anton Chéjov. No se trata de algunos de sus magistrales cuentos, tampoco de alguna de sus admirables obras de teatro. No, es una recopilación de los cuadernos de notas que el creador llevó hasta su muerte en 1904. No son cuentos breves, ni reflexiones sesudas sobre la vida y los lugares que visitaba. Sólo se trata de su visión sobre las personas, las cosas y los lugares que visitaba. Detrás de ellas se descubren argumentos, observaciones, que tomarán vida seguramente en algunos de sus personajes. Para los conocedores de su obra será un placer descubrir sus antecedentes, o los pequeños incidentes que lograron hacerle crear esos momentos sutiles y efímeros de los que todo lector disfruta en sus páginas. Él, en esas líneas, casi siempre breves, descubre el alma de su pueblo, sus costumbres, su pensamiento, su manera de ser… Habla de sus hijos, de los escritores que frecuentaba, de los que admiraba. Y el lector termina apasionándose por esas observaciones aparentemente sueltas como si fuera una novela de la que no es posible desprenderse hasta llegar al final.

La escritora Vlady Kociancich realiza una introducción, que es en realidad una admirable confesión de amor eterno. Define al estilo chejoviano como: “un humanismo sin ilusiones pero piadosamente humano, con individuos en trance de perderse no por grandes ideas ni grandes decisiones, sino por esas cosas de la vida. Su estilo, breve, rápido, libre, es la ambición vigente.”

Otro escritor prestigioso, Leopoldo Brizuela, tradujo los cuadernos y escribió el posfacio, donde relata algunas alternativas de estos textos desconocidos en nuestro país, y explica: “El lector encontrará a Chejov mucho menos en los deliciosos hechos narrados que en la mirada, que supo entender su importancia más allá de la nimiedad aparente…” Porque la vida es así, como la mira y la describe Chejov, sin luces, apagada, con seres que se ven presos de situaciones que los superan y que no saben cómo resolver. Pero hombres y mujeres descriptos con infinita piedad, con cariño y con humor sutil, en sus deseos de obtener lo que no pueden, esa felicidad que se les escapa de las manos…

Una última muestra de ese estilo queda impreso en el cuaderno: “Un joven tímido, que ha llegado de visita, se queda a pasar la noche; de pronto una vieja de 80 años entra con un tubo para hacer enemas y le administra una; él, diciéndose que ha de ser la costumbre de la casa, aguanta sin protestar; al otro día se da cuenta de que la vieja se equivocó”. Antón Chejov nació en 1860 y murió en 1904, a la tempranísima edad de 44 años, víctima de la tuberculosis.

La última humorada de la vida fue ya en su muerte, cuando el ataúd con sus restos llegó a la estación donde lo aguardaban sus admiradores, en un vagón frigorífico que habitualmente transportaba ostras. La multitud que lo aguardaba se fue por error tras el cadáver de un general fallecido en combate y que llegaba en esos momentos. Mientras los admiradores de Chejov se asombraban de que fuera enterrado al son de una marcha militar, sin saber que el enterrado era el militar, una reducida comitiva, compuesta por oficiales y camaradas del general seguía los verdaderos restos de Chejov creyendo que eran del general. Chejov escribió cuentos como La estepa, La cigarra, la famosa: La dama del perrito; y obras como La Gaviota, Tío Vania, Tres hermanas, El jardín de los cerezos. Sus escritos inspiraron decenas de películas y sus obras se siguen interpretando en todos los teatros del mundo.

Editorial La Compañía

186 pág. $65.

R.B.

junio 19, 2012 Posted by | Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (88) por Roberto Brey

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Chernichevski

El crítico Nicolás Chernichevski (1828-1889) recogió el pensamiento crítico de Belinski y Herzen; según Marx, fue «el gran sabio y crítico ruso que puso al descubierto magistralmente la quiebra de la economía burguesa». Este maestro del nihilismo, influido por Fourier y Feuerbach, popularizó el socialismo combatiendo la reforma agraria de 1861. Detenido al año siguiente y condenado a trabajos forzados en Siberia durante catorce años -que se ampliaron a veintiuno- siguió inspirando el movimiento revolucionario ruso, aunque todos sus escritos eran anteriores a la condena, especialmente por medio de “La relación estética entre el arte y la realidad” (1855) y “Qué hacer” (1863), que tuvieron gran influencia posterior. En la primera, el autor somete a una severa crítica a la estética idealista de Hegel y avanza sobre los principios de una estética materialista que ya había iniciado Belinski (Véase capítulo 21.)

El clima previo a los levantamientos campesinos, que culminaron con las reformas de 1861, era de censura total, por eso Chernichevski, como hombre de ciencia, escritor y político, sobrepasaba a la censura mediante artículos de crítica literaria, analizando personajes de novelas de actualidad para plantear candentes problemas sociales. Aunque más allá de eso, el siglo XIX produjo una pléyade de escritores en Rusia (de los que se vieron los más destacados solamente), que en su mayoría tenían la idea de que el arte era para el pueblo y debía tratar las preocupaciones y aspiraciones del pueblo.

Si Belinski inspiró a los escritores y artistas rusos del medio siglo, Chernichevski y Dobrioliúbov lo hicieron con los posteriores a los años ’60, como Nekrasov y Saltikov Schedrin, quien a su vez influyó fuertemente sobre Chejov.

Si Tolstoi decía: “pinta tu aldea y pintarás el mundo”, respecto de encontrar la universalidad en lo particular, en lo típico, Chernichevski planteaba desde antes que la imagen típica, aglutinadora toma las características comunes de muchas personas sencillas.

“La personalidad extraordinaria es la mejor expresión del hombre y de la naturaleza humana en general. El héroe no es un monstruo entre personas; al contrario, en él se manifiesta con mayor nitidez y precisión lo que existe más o menos en cada ser humano, pues en el más tímido de los hombres se da su parte de valentía; el gran poeta no es un monstruo entre las personas, pues en el más prosaico de los hombres existe su parte de poesía…”, decía.

Chernichevski toma el pensamiento de Belinski, por ejemplo, cuando postula que el arte no es un objetivo en sí, sino un medio para alcanzar otros objetivos.

“El arte por el arte es hoy una idea tan extraña como ‘la riqueza por la riqueza’ o ‘la ciencia por la ciencia’… Todas las actividades humanas deben servir al hombre si no se quiere que sean vanas y ociosas ocupaciones (…) el arte también debe ser de alguna utilidad esencial, y no servir de placer estéril”.

Para Chernichevski y su discípulo Dobrioliúbov, aclara Plejanov (ver capítulos 19, 20 y 21), la principal significación del arte consiste en reproducir la vida y enjuiciar sus fenómenos. Y esa visión era acompañada por los máximos artistas de la época.

Por algo para Chernichevski: “sólo alcanzan un brillante desarrollo las orientaciones de la literatura surgidas bajo el influjo de las ideas fuertes y vivas que satisfacen las verdaderas necesidades de la época.” Y en ese punto, la realidad corroboró las ideas del crítico con toda energía, en un sinnúmero de escritores que desde diferentes visiones le dieron una fuerza única a la literatura rusa de entonces.

El joven Chernichevski era el máximo líder revolucionario y su condena por tantos años a la fría Siberia, no consiguió mantenerlo alejarlo de los círculos intelectuales y campesinos. Allí escribe su novela ¿Qué hacer?, donde intenta responder a un gran interrogante ¿Qué hacer para librar a Rusia del absolutismo zarista y modernizar sus instituciones? Esta pregunta es tomada por él recogiendo el sentir popular de su época y sería una especie de manual que marcaría muchas vidas, incluso la de Lenin, que varios años más tarde escribiría otra obra con el mismo título. Esta pregunta es la que se formularían muchos pensadores e intelectuales de todas las épocas, de distintas maneras y en distintas circunstancias. En Rusia, la respuesta a esta pregunta sería la formación del partido obrero social demócrata, que encabezaría la revolución de 1917.

En esta novela, no sólo se postulan claras ideas de socialismo; ya en el capítulo “El cuarto sueño de Vera Pavlovna”, se describe el advenimiento del reinado del amor puro, un amor que no tiene nada de puritano ni de inmaterial, sino que exalta la vida y ofrece al pueblo la alegría exuberante de los sentidos, donde Chernichevski sólo concibe la felicidad y la realización del hombre en el contacto con la naturaleza. Algo que de alguna forma retomaría luego León Tolstoi.

El gran problema de la reforma agraria otorgada por los liberales constituyó el caballo de batalla de varias décadas, infestando los ensayos, los libros de poemas, las novelas, y desembocó en un movimiento social de gran amplitud, el de los populistas. El tema de la tierra, más o menos en consonancia con las teorías populistas, preocupó a todos los grandes autores, desde Turguenev a Dostoievski, de Tolstoi a Gonchárov; a poetas como Nekrásov (1821-1878), el cantor del dolor social; a Saltikov-Schedrin, un satírico a la manera de Swift, y en menor grado a Chéjov.

El abuso del poder


La vida en Saratov durante la infancia de Chernichevski era de una extrema penuria. Se vivía en un permanente combate por sobrevivir, era: “una lucha continua contra los lobos, contra bandas de bandidos y ladrones de caballos, contra los kirguises que raptaban a los campesinos rusos para reducirlos a la esclavitud. Había que luchar en contra de enfermedades epidémicas, como el cólera y, sobre todo, contra una tristeza sin fondo que se apoderaba de los seres humanos y los arrojaba a vivir como derrotados, en un estado de embriaguez crónica”, relata.

El abuso y la injusticia de los dueños de la tierra y del poder llevaba al reclutamiento militar forzado de los jóvenes campesinos, que eran retenidos en servicio hasta por 25 años.

Cuenta luego: “En Rusia la literatura ha venido supliendo una función que en otras latitudes venía desplegada por la política. En las naciones donde la vida espiritual y social ha alcanzado un alto nivel de desarrollo existe -si así me puedo expresar- una división del trabajo entre las diversas ramas de la actividad intelectual, mientras que entre nosotros, sólo existe un tipo reconocido de actividad intelectual, la literatura”.

Era lógico que la intelligentsia (una palabra que abarcaba ampliamente en Rusia a todos los sectores vinculados al arte, la cultura y la ciencia), viese al “pueblo” personificado en el campesinado como la fuerza revolucionaria más importante de la sociedad. Este movimiento tenía sus raíces en 1861 con la emancipación de los siervos. Ese gesto del zar Alejandro II, producto del temor a una explosión social, después de la humillante derrota en la guerra de Crimea de 1853-56, y de la posterior guerra con Japón, sirvió para desenmascarar cruelmente al régimen zarista. Las derrotas militares, suelen significar muchas veces la caída de los gobiernos autoritarios, pero el Edicto de Emancipación más que resolver, empeoró la situación. Los terratenientes se quedaron con las mejores tierras; y los campesinos “libres” debían pagar impuestos a la comuna que no podían abandonar, con sus movimientos restringidos por un sistema de pasaportes internos.

Bosques, prados, abrevaderos, pastos, molinos, etc. en manos de los terratenientes, les dio un control sofocante sobre el campesino “emancipado”. Año tras año, las deudas aumentaban y las familias se empobrecían.

No fue extraño entonces que el campesinado, atrapado en una legislación asfixiante iniciara sublevaciones anárquicas y desesperadas, que se prolongaron hasta entrado el siglo XX (Véase “No puedo callarme”, de Tostoi, en el capítulo 83).

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septiembre 13, 2011 Posted by | Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (87) por Roberto Brey

Chejov y Gorki

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Más opiniones sobre Chejov

Jorge Bustamante García, en un artículo publicado en La Jornada Semanal de México (27 de junio de 2004) señala como revelación de Chejov el “haber abordado al famoso hombre “superfluo” ruso del siglo XIX, con todo y su tragedia, desde una visión de fina ironía. Por haber desmenuzado la vida ordinaria de muchos de sus personajes, de aquellos seres grises, bondadosos, suficientemente inteligentes, formales y simplones que razonan siempre con una sensatez tan aburrida, que raya en el absurdo. Lo mágico de Chéjov reside, tal vez, en que descubrió la ficción de la vida ínfima, en la de los pequeños seres de todos los días. Oculto y radical espíritu innovador del relato, porque rompió sin aspavientos, ni tremendismos, con toda la tradición cuentística anterior a él, al implementar historias sin tramas de suspenso ni argumentos excitantes, sin personajes redondeados a la manera clásica, sin clímax, sin puntos culminantes ni finales sorpresivos, como suele acontecer en la vida real de las personas comunes. Pareciera que iba contra todas las reglas del cuento tradicional y, sin embargo, su estilo abrió nuevas ventanas en el arte de narrar (…)

Las resonancias de los relatos chejovianos en sus lectores son misteriosas. Por un lado pareciera que no sucede nada importante en sus historias; por el otro, al terminar de leer, las reverberaciones son tan intensas e intempestivas, que uno siempre quisiera seguir leyendo más, para saber qué pasa, pero no pasa aparentemente mayor cosa. Ocurre, sin embargo, que no podemos dejarlo de lado, por la sencilla razón de que –de alguna manera– cuenta nuestras vidas.”

“La evolución de lo imperceptible”

Cuántos escritores de América, desde el Norte hasta el Sur le deben a Chejov el haber encontrado un camino nuevo.

Para muchos, el padre del cuento moderno es Anton Chejov. Su influencia literaria marcó el desarrollo del género, acentuó esa tendencia a abarcar todos los temas (algo que los ingleses no podrían hacer hasta muchos años después), y empezó a privilegiar al clima por sobre la trama, la anécdota. Ya no era necesario el final que definiera los acontecimientos, sino el ambiente que caracterizaba mejor el momento, el carácter y el drama

Para el blogero Juan Miguel Ariño, Chejov, “introdujo un tiempo diferente en la manera de narrar -algo similar a lo que hizo Proust o Thomas Mann en el genero novelístico-, aunque sus relatos parecen teñidos de clasicismo. La arquitectura de sus narraciones se componía de elementos, en apariencia prescindibles o poco reseñables, pero de alguna manera, el ambiente que generaban eran la base de su desarrollo. Sus cuentos son tan humorísticos como tristes; los personajes oscilan entre el patetismo, la indiferencia y el anhelo de ser. Parecen aburridos, imperfectos, sumidos en estados melancólicos y depresivos, otras decididos, aun cuando se vislumbra el error en ello, ridículamente instalados en una seguridad que nos provoca jocosidad; Chejov nos permite observarlos de lejos, reconocernos en cada uno de ellos, con esa distancia suya que no es indiferencia, sino más bien curiosidad (Chejov quizá fuera la reencarnación de un gato). Los héroes de Chejov suelen mostrarnos una resignación anodina que casa muy bien con nuestra época. Tanto lo aparentemente bueno que hacen como lo malo, responde a imperceptibles transformaciones del ánimo, que les empujan a inmiscuirse discretos en el mundo que los rodea. Es curioso que un autor tan despojado de los elementos de la literatura psicológica, ahondara de tal forma en los procesos emocionales con acierto. Podía haber sido irónico, o incluso cínico, pero en sus textos los protagonistas se entreven desde una lejanía amorosa, comprensiva, supongo que esto tenía que ver con su propio carácter. Aún así, en ocasiones, el Chejov autor se entrometía en los problemas de su tiempo. Él no era un político o un revolucionario, simplemente fraguaba los elementos característicos del cuento moderno: era un escritor enorme.”

Consejos para escritores atribuidos a Anton Chejov


Cuando escribo no tengo la impresión de que mis historias sean tristes. En cualquier caso, cuando trabajo estoy siempre de buen humor. Cuanto más alegre es mi vida, más sombríos son los relatos que escribo.

Dios mío, no permitas que juzgue o hable de lo que no conozco y no comprendo.

Es extraño: ahora tengo la manía de la brevedad: nada de lo que leo, mío o ajeno, me parece lo bastante breve.

Cuando escribo, confío plenamente en que el lector añadirá por su cuenta los elementos subjetivos que faltan al cuento.

Es más fácil escribir de Sócrates que de una señorita o de una cocinera.

Guarde el relato en un baúl un año entero y, después de ese tiempo, vuelva a leerlo. Entonces lo verá todo más claro. Escriba una novela. Escríbala durante un año entero. Después acórtela medio año y después publíquela. Un escritor, más que escribir, debe bordar sobre el papel; que el trabajo sea minucioso, elaborado.

Te aconsejo: 1) ninguna monserga de carácter político, social, económico; 2) objetividad absoluta; 3) veracidad en la pintura de los personajes y de las cosas; 4) máxima concisión; 5) audacia y originalidad: rechaza todo lo convencional; 6) espontaneidad.

Es difícil unir las ganas de vivir con las de escribir. No dejes correr tu pluma cuando tu cabeza está cansada.

Nunca se debe mentir. El arte tiene esta grandeza particular: no tolera la mentira. Se puede mentir en el amor, en la política, en la medicina, se puede engañar a la gente e incluso a Dios, pero en el arte no se puede mentir.

Nada es más fácil que describir autoridades antipáticas. Al lector le gusta, pero sólo al más insoportable, al más mediocre de los lectores. Dios te guarde de los lugares comunes. Lo mejor de todo es no describir el estado de ánimo de los personajes. Hay que tratar de que se desprenda de sus propias acciones. No publiques hasta estar seguro de que tus personajes están vivos y de que no pecas contra la realidad.

No seamos charlatanes y digamos con franqueza que en este mundo no se entiende nada. Sólo los charlatanes y los imbéciles creen comprenderlo todo.

Creo en los individuos, en unas pocas personas esparcidas por todos los rincones -sean intelectuales o campesinos-; en ellos está la fuerza, aunque sean pocos.

El cuento Iónich, se puede leer en:

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/rus/chejov/ionich.htm

El espejo curvo, se puede leer en: http://www.sprensalibre.com.ar/index.php?id=2893

Una noche de espanto, se puede leer en: http://www.sprensalibre.com.ar/index.php?id=2894

¡CHIST! , se puede leer en: http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/OtrosAutoresdelaLiteraturaUniversal/Chejov/Chist.asp

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septiembre 10, 2011 Posted by | Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (86) por Roberto Brey

Chejov y Tolstoi

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Chejov y el cuento

Si el escritor ruso había revolucionado el arte teatral, qué no decir de sus cuentos y el nuevo cariz que le dieron al género. Y como dice Marc Slonim, qué mayor modernismo que estos temas: “la derrota por pequeñeces y sucesos triviales, la melancolía de las fortunas deshechas, la imposibilidad de comunicación verdadera (…) la intrincada red de amor, aversión, aburrimiento y sueños que enmaraña la vida de las gentes comunes…”

El mexicano Juan R. Campusano afirmaría que Chejov vivió “en la época más difícil, más gris y triste de su Rusia querida”, y lo describe como un pintor impresionista, que en sus cuentos revela “la pobreza, la mediocridad y el dolor de los intelectuales, de los burócratas y de los hombres del campo”. El mismo Máximo Gorki (tal vez la figura más sobresaliente que continuó a Chejov) dice que podía descubrir y mostrar la mediocridad oculta en la falsa distinción de quienes lo visitaban y presumían el pensar, el hablar y hasta el vestir a lo Chejov.

Era de aspecto tímido y triste, y dice Campusano que nunca reía, pero que sin embargo era un humorista formidable, aunque su crítica era “ligera, suave, noble casi. Se puede observar que en su obra no hay pasión carnal porque el artista era un delicado pintor de sentimientos, la pasión no fue su fuerte nunca; no la sufrió jamás y quizá por eso en su obra nunca la pudo, o no la quiso reflejar”.

Coincide en el juicio crítico su coterránea Hortensia Puyol: “Sus personajes son objeto del capricho de la vida diaria: no experimentan pasiones impetuosas, conmociones extraordinarias; y sin embargo son justamente reales… Su obra, que es una crítica de la vida, no es tendenciosa: es simplemente sutil.”

Después de aquellos personajes arrancados de sus viajes por el campo en atención a sus enfermos, las descripciones de Chejov comenzaron a ser menos humorísticas y más líricas. De la primera época se pude destacar “Historia ruin” (1882), “La corista” (1884), “La bruja” (1886), “El cazador” (1886). Por entonces sus cuentos eran escritos con suma rapidez. A los 26 años le dice a un amigo en una carta: “Me acostumbré a mirar mis trabajos con indulgencia y a escribir de manera trivial. (…) es que soy médico y siento una gran pasión por la medicina de modo que el proverbio sobre las dos liebres (“El que sigue dos liebres, tal vez cace una, y muchas veces, ninguna”) nunca quitó tanto el sueño a nadie como a mí. Le escribo todo esto sólo para justificar un poco ante usted mi gran pecado. Hasta ahora he mantenido, respecto a mi labor literaria, una actitud superficial, negligente y gratuita. No recuerdo ni un solo cuento mío en el que haya trabajado más de un día. He escrito mis cuentos como los reporteros que informan de un incendio, mecánicamente, medio inconsciente, sin preocuparme para nada del lector ni de mí mismo…”, tal vez por eso publica su libro con el seudónimo Antosha Chejonté, al no estar del todo conforme con su trabajo. Qué diferencia cuando años después aconseja: “Guarde el relato en un baúl un año entero y, después de ese tiempo, vuelva a leerlo. Entonces lo verá todo más claro. Escriba una novela. Escríbala durante un año entero. Después acórtela medio año y después publíquela. Un escritor, más que escribir, debe bordar sobre el papel; que el trabajo sea minucioso, elaborado.”

De aquella primera época es la novela “Extraña confesión” (Un drama de cacería, que apareció en Rusia en forma de folletín entre 1884-1885), y que según el escritor argentino Manuel Peyrou constituiría una especie de precursor del policial psicológico, “una de las formas más evolucionadas de esta clase de ficción”, afirma.

Después vendrán otros, como “El pabellón Nº 6” de 1892, “Campesinos” de 1897, el famosísimo “La dama del perrito” publicado en 1899, que surgió, para algunos, como el opuesto de Anna Karénina de Tolstoi. Chejov mismo habría dicho: “no deseo mostrar una convención social, sino mostrar a unos seres humanos que aman, lloran, piensan y ríen. No podía censurarlos por un acto de amor.” Este último cuento daría lugar a versiones cinematográficas, una de ellas, la más fiel, del ruso Josif Heifitz. Otra, “Ojos negros”, la hermosa película del director ruso Nikita Mijalkov, protagonizada por Marcelo Mastroiani.

A poco de estrenarse la película “La dama del perrito” (1959), de Josif Heifitz., el director de cine y teatro sueco Ingmar Bergman, que iba a dirigir “La gaviota” en el Teatro dramático, hizo que toda la compañía fuese a verla. En un antiguo reportaje, Bergman opinaba así de la película y de Chejov: “Durante los ensayos se habló bastante de la sensualidad de Chejov. No me refiero, por supuesto, a sensibilidad erótica de ninguna especie, sino a la sensualidad que abarca y afecta todos los sentidos. En La dama del perrito, precisamente, uno experimenta el olor, y la luz, y el calor, y el frío y la sugestión de los roces entre los personajes y hasta el peculiar aroma de una habitación… En realidad, no hay nada que falte en esta película. Uno vive con todos los sentidos. Chejov ha inspirado tanto al director que éste, a su vez, ha llegado a recrear toda la atmósfera del original. Podemos convenir, por ejemplo, en que pocas películas habrá que sugieran la idea del color con tanta intensidad como ésta, a pesar de estar realizada en blanco y negro. Uno siente en color. Acuérdese del principio: los días cálidos llenos de sol y de viento, la pereza, el aburrimiento, la sorda y latente presión del otoño colgando todavía en el aire…”

El beso, se puede leer en:

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/rus/chejov/beso.htm

La dama del perrito, se puede leer en:

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/rus/chejov/senyora.htm

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septiembre 2, 2011 Posted by | Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (85) por Roberto Brey

Chejov a los 41 años

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Chejov y el Teatro

En 1887 a causa de una debilitación de su salud (primeros síntomas de la tuberculosis que acabaría con su vida) Chéjov viajó hasta Ucrania. A su regreso se estrenó su obra “La Gaviota”, un éxito que interpretó la compañía del Teatro de Arte de Moscú, tras una primera presentación desastrosa en el teatro Alexandrinski de San Petersburgo un año antes.

Allí Chejov empezaría a ser reconocido, no sólo como escritor sino como un dramaturgo excepcional. Porque su escritura diferente iba a necesitar una nueva forma de vivir y representar el teatro, ésa que por entonces alumbraba con Stanislawski.

A los veinte años escribió su primera pieza, sin nombre ni trascendencia y luego siguió con alguna adaptación de sus cuentos y con una serie de piezas cómicas en un acto, como el monólogo “Sobre los perjuicios del tabaco” (1886), y entre 1888 y 1892 comedias como “El oso”, “El pedido de mano”, “La boda” y “El jubileo”. Pero la obra que iba a marcar el sendero y mostraría la originalidad de su escritura fue “Ivanov”, con uno de sus clásicos personajes (“pusilánimes e infelices”, como diría Marc Slonim). Iván Ivánovich Ivánov, un nombre común en Rusia, que pone el énfasis en su mediocridad y futilidad, y lo convierte en un fiel retrato de sus contemporáneos. Es el crítico Marc Slonim quien resalta que allí “Chejov utilizó varios recursos modernos, como intervalos, pausas y detalles significativos en vez de las descripciones naturalistas, un tono lírico en la conversación, una estructura no racional del diálogo y situaciones presentadas como revelaciones psicológicas”. La obra tuvo cierto éxito en las representaciones tradicionales, claro que hasta la aparición del Teatro de Arte de Moscú, en 1904, no se tuvo la real dimensión de su valor.

“La gaviota” (1896), “Tío Vania” (1899), “Las tres hermanas” (1901) y “El jardín de los cerezos” (1904), todas en cuatro actos, serían la culminación de su producción teatral.

Pero cuando en 1896 se presenta “La gaviota” en el teatro Alexandrinski de San Petersburgo, su fracaso hizo que Chejov, no sólo huyera del teatro, sino que se recluyera: “Jamás volveré a escribir piezas o tratar de representarlas, ni aunque llegare a vivir setecientos años”, le escribiría al director Nemirovich Danchenko. Justamente él fue quien convenció a Stanislavski de que sería la obra más apropiada para ese nuevo emprendimiento artístico que habían creado, basado en la naturalidad del actor para expresar de manera adecuada las tribulaciones y los sentimientos, propios de los personajes de Chéjov.

Solamente la amplitud mental y el genio creador de esos tres revolucionarios del teatro permitieron que las cuatro obras mencionadas se abrieran un camino que hasta hoy representa una de las cumbres del teatro universal. El actor que expresa los sentimientos de los personajes a través de sus propias vivencias, la preocupación por la escenografía y el ensayo, la naturalidad interpretativa, la búsqueda del detalle. Stanislavki recuerda una crítica de Chejov como la lección que él mismo trataba de darle a sus actores: “Sí, magnífica interpretación –diría el escritor-, pero le faltan agujeros en los zapatos y pantalones a cuadros”.

La presentación de las obras, una tras otra, fueron un éxito descomunal. En 1901 Chejov contrajo matrimonio con Olga Leonárdovna Knipper, una actriz que había actuado en sus obras, y a la que pudo ver actuar (ya que el no se podía trasladar a Moscú) cuando la compañía realizó una gira por Yalta, para que él pudiera ver su creación.

A su muerte, la más popular de sus obras era “El jardín de los cerezos”, el drama que, como ninguno, representaba las expectativas e inquietudes en momentos en que fermentaba aquella revolución fallida de 1905.

La obra de teatro la gaviota, puede leerse en: http://www.sprensalibre.com.ar/index.php?id=3876

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agosto 24, 2011 Posted by | Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (84) por Roberto Brey

Chejov a los 35 años.

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Antón Pávlovich Chéjov (1860-1904)

A diferencia de los otros dos de la tríada (Dostoievski y Tolstoi), Chejov no tuvo una participación social activa. Su carácter reservado, su enfermedad, su muerte muy joven (a los 44 años), tal vez influyeron en su actividad, que siempre fue discreta. Emparentado con Dostoievski por la penetración psicológica, su escritura se diferencia porque no tiene afanes didácticos o moralizantes, describe a sus personajes tal como los ve, y prevalece en sus cuentos (cerca de 250, aunque algunos afirman que fueron muchos más), el ambiente, el gesto, por sobre la trama, el conflicto. Y tal vez ésa haya sido la causa de su hondo arraigo (tanto en el cuento como en el teatro), en el público lector como en el espectador. Algunos críticos lo emparentan con Turguenev o Mauppassant, a los cuales admiraba, pero fue un reconocido continuador del primero, sus cuentos significaron una bisagra para la literatura. Sólo hay una forma de escribir después de Chejov, contaba Borges que decían los escritores que leyeron las primeras traducciones: “imitarlo o dejar de escribir; escribir de una manera distinta de la de Chejov les parecía injustificable”. Sus herederos son incontables en el mundo: desde Faulkner y Hemingway, hasta Pavese, Joyce o Raimond Carver.

A pesar de su alejamiento de la vida política (decía en una carta: “No soy liberal ni conservador ni gradualista ni anacoreta ni indiferentista”), no estaba para nada alejado de la vida social, como cuando opina sobre lo popular en el arte: “Todos nosotros somos pueblo y lo mejor de cuanto hacemos, pertenece al pueblo”; o cuando se planta frente a la Academia de Letras, en 1902, porque ésta no deja ingresar a Gorki por su reconocida actividad revolucionaria.

Su virtud en ese aspecto fue haber podido relatar en forma magnífica una de las épocas más trágicas de la vida de Rusia, el período prerrevolucionario desde fines de siglo XIX, hasta principios del siguiente, cuando el hambre, la tristeza y la sensación de fracaso lo invadían todo.

Sus personajes, minúsculos, mediocres, sin futuro, fueron incansablemente representados en todos los escenarios del mundo, dejando para los espectadores el análisis de esos estados de ánimo, de la fuerza de los sentimientos que aquellos no podían sacar a la luz.

Chéjov había nacido en Taganrog, el puerto principal del Mar de Azov. Era hijo de un tendero y nieto de un siervo que compró su libertad, y el tercero de seis hermanos. Su padre, Pavel Yegorovich Chéjov, director del coro de la parroquia y devoto cristiano ortodoxo, les impartió a sus hijos una disciplina estricta y muy religiosa, que a veces adquiría rasgos despóticos. La madre, Yevgeniya, era una gran cuenta cuentos, y entretenía a sus hijos con historias de sus viajes.

El padre de Chéjov empezó a tener serias dificultades económicas, su negocio quebró y se vio forzado a escapar a Moscú para evitar que lo encarcelaran. Al finalizar sus estudios de bachillerato, en 1879, Antón se reunió con su familia a la que encontró sumida en la miseria y su padre exigía a sus hijos que la sostuvieran. Allí, el joven Chejov comenzó a estudiar Medicina en la Universidad de Moscú, y al mismo tiempo escribía relatos humorísticos bajo el pseudónimo de “Antosha Chejonté” para ayudar a la familia. No obtenía demasiado dinero, pero ganó con rapidez fama de buen cronista de la vida rusa.

Al recibirse de médico, en 1884, siguió escribiendo para diferentes semanarios. (“La medicina es mi esposa, la literatura solo mi amante”, diría alguna vez, pero la precariedad de su salud lo afectaría en el ejercicio de la profesión).

En 1885 comenzó a colaborar con la Peterbúrgskaya gazeta con artículos más elaborados que los que había redactado hasta entonces. En diciembre de ese mismo año fue invitado a colaborar en uno de los periódicos más respetados de San Petersburgo, el Nóvoye vremia. En 1886 se empiezan a advertir cambios en su estilo, ya que el humor directo dejó paso a una visión más descarnada. Ya Chéjov se había convertido en un escritor de renombre. Ese mismo año publicó su primer libro de relatos, “Cuentos de Melpómene”; al año siguiente ganó el Premio Pushkin gracias a la colección de relatos cortos “Al Anochecer”.

Muerte

Chéjov pasó gran parte de sus 44 años gravemente enfermo a causa de la tuberculosis que contrajo de sus pacientes a finales de 1880. La enfermedad lo obligó a pasar largas temporadas en Niza (Francia) y posteriormente en Yalta (Crimea), ya que el clima templado de estas zonas era preferible a los crueles inviernos rusos.

En mayo de 1904 ya se encontraba gravemente enfermo, por lo que el 3 de junio se trasladó junto con su mujer Olga al spa alemán de Badenweiler, en la Selva Negra. Desde allí escribió cartas a su hermana Masha, en las que se podía apreciar que Chéjov estaba animado. En su última carta, se quejaba del modo de vestir de las mujeres alemanas. Fallece el 4 de julio.

Su cuerpo fue trasladado a Moscú en un vagón de tren refrigerado que se usaba para transportar ostras, hecho que molestó a su amigo Máximo Gorki.

Como si fuera una de las humoradas de alguno de sus cuentos, la multitud que aguardaba sus restos se sumó por error a quienes esperaban el cadáver del general Keller, que había fallecido en combate en Manchuria y que llegaba también en tren en esos momentos. Mientras los admiradores de Chejov se asombraban de que fuera enterrado al son de una marcha militar, sin saber que en realidad el enterrado era el militar, una reducida comitiva, compuesta principalmente por oficiales y camaradas delo general seguía los verdaderos restos de Chejov creyendo que eran del general.

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agosto 20, 2011 Posted by | Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (83) por Roberto Brey

Con su esposa Sonia al final de su vida.

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Opiniones sobre Tolstoi (4)

El crítico y escritor mexicano Juan Ramón Campuzano (1912-1989), caracterizaba así al ruso:

“Tolstoi es un caso raro de talento e ignorancia, de intuición prodigiosa y de incomprensión elemental, de realismo y de misticismo. En la literatura fue un auténtico creador y al mismo tiempo un mediocre intelectual y crítico. Sus opiniones sobre el arte y la ciencia se avergonzaría de firmarlas hoy un modesto estudiante de estética (…) Su incomprensión del problema social le lleva a repartir parte de sus tierras a sus siervos, que se niegan a recibirlas porque esto no resuelve su problema, y además le crea dificultades con las personas que no piensan como él y de las que se aísla hasta su muerte.”

Junto a sus contradicciones, Campuzano analiza sus puntos fuertes: “En sus dotes analíticas de escritor está el secreto de su gloria. Tolstoi no se contenta con reunir los rasgos dispersos de un carácter, ni con investigar las razones que mueven a sus personajes, sino que analiza acciones y movimientos colectivos, y tras el hecho visible prosigue su labor investigadora para sacar a luz las raíces secretas que impulsan a los hombres y a las colectividades a obrar de tal o cual modo.”

Lenin y Trotski

A la muerte de] gran escritor, Lenin y Trotsky expusieron sus ideas sobre él. Para León Trotsky, Tolstoi, el pintor de la vieja Rusia, era un elemento más de ella, un elemento hostil a la vida nueva de la Rusia revolucionaria; pese a ello, le asqueaba, como aristócrata y como artista, «el desorden y el caos en todo y en todas partes, la decadencia de la vieja nobleza, la del campesinado, la confusión y la barahúnda de la vida urbana, el cabaret y el cigarrillo en la aldea, la canción trivial del obrero en la fábrica en lugar del noble canto popular»… por lo cual se apartó moralmente de la clase que iba a crear su propio poder en los albores del siglo XX. Pese a las contradicciones que denuncia, Trotsky admite: “admiraremos siempre en él no solamente el genio, que vivirá tanto como el arte mismo, sino también el valor moral indomable que no le ha permitido quedarse en el seno de su Iglesia hipócrita, de su sociedad y de su Estado, y que le condenó a seguir aislado entre sus incontables admiradores».

Vladimir Ilich Lenin, que escribió mucho sobre Tolstoi, lo que de alguna manera le ayudó a elaborar las bases teóricas de una estética revolucionaria, valoraba “el más sobrio realismo, el arrancar todas las máscaras, cualesquiera que fuesen”. Y en cuanto a sus contradicciones señala: “no son las de su pensamiento personal, sino un reflejo de condiciones en alto grado complejas y contradictorias, influencias sociales, tradiciones históricas que determinaban la psicología de las diferentes clases y de las distintas capas de la sociedad rusa tanto en la época que siguió a la reforma (1861) como en la época que precedió a la revolución (1917)”.

La importancia que le asigna es tal que dice: “La época durante la que se ha preparado la Revolución en uno de los países aplastados por señores feudales, ha aparecido, gracias a la luz que de modo genial ha arrojado sobre ella Tolstoi, como un paso adelante en el desarrollo artístico de toda la humanidad”.

Testimonio.

Más que cuento, el relato “No puedo callarme” es un testimonio de la situación de miseria que se vivía en 1908, que llevaba a los campesinos pobres a robarles a sus patrones, y al Estado a ejecutarlos sin piedad cuando los atrapaban. En un fragmento cuenta:

Doce hombres pertenecientes a esa masa cuyo trabajo nos hace vivir, esa masa que hemos depravado y continuamos todavía depravando por todos los medios a nuestro alcance –desde el veneno del vodka a la terrible falsedad de un credo que les imponemos con toda nuestra fuerza, sin creer en él nosotros mismos-, doce hombres, estrangulados con una cuerda por los mismos a quienes mantienen con su trabajo y que les vienen depravando de un modo sistemático. Doce maridos, padres e hijos, pertenecientes a esa masa sobre cuya bondad, trabajo y simplicidad descansa la vida de Rusia entera, son detenidos, encarcelados y aherrojados. Más tarde, les atan las manos a la espalda, no sea que vayan a agarrarse a las cuerdas con que les van a ahorcar, y son conducidos al cadalso. Unos cuantos campesinos idénticos a los que van a ser ahorcados, pero armados, vestidos con el uniforme limpio del soldado, con buenas botas en los pies y un fusil en la mano, acompañan a los condenados. Junto a ellos marcha un hombre de cabellos largos, revestido con una estola y una capa de tisú de oro y plata, llevando una cruz en la mano. El cortejo se detiene. El hombre que capitaneaba el cortejo dice algo, el secretario lee un papel; y, una vez leído el papel, el hombre de cabellos largos, dirigiéndose a los que van a ser ejecutados, les habla de Dios y de Cristo. Inmediatamente, los verdugos (son varios, pues un solo hombre no podría llevar a cabo asunto tan complicado) disuelven un poco de jabón y, habiendo enjabonado bien los nudos corredizos, a fin de que corran mejor, agarran a los hombres aherrojados, los envuelven en una especie de mortaja, los hacen subir al patíbulo, y les colocan alrededor del cuello los nudos corredizos bien enjabonados.

Y, entonces, uno tras otro, unos hombres vivos son empujados del banquillo sobre el que estaban en pie y con su propio peso aprietan bruscamente en torno de sus cuellos los nudos corredizos y son dolorosamente estrangulados. Unos hombres, vivos un momento antes, se convierten en unos cadáveres colgando al extremo de una cuerda, que al principio oscilan lentamente y acaban, al fin, por quedar inmóviles.

Todo esto ha sido cuidadosamente dispuesto y planeado por unos hombres cultos e inteligentes, pertenecientes a las clases superiores. Se las arreglan para ejecutar estas cosas discretamente, al amanecer, de manera que casi nadie les vea, y se las componen de suerte que la responsabilidad de estas iniquidades se reparta de tal modo entre quienes las cometieron que cada uno de ellos pueda pensar y decir que no es responsable de ellas. Se las arreglan para encontrar a los hombres más depravados y desdichados, y al mismo tiempo que les obligan a realizar la obra para ellos planeada, todavía logran aparentar que desprecian y sienten horror por ellos. Hasta se les ocurren sutilezas como la siguiente: las sentencias son pronunciadas por un tribunal militar, pero no son militares, sino civiles los que tienen que presidir las ejecuciones. Y la ignominia es llevada a cabo por hombres desventurados, corrompidos, engañados y despreciados, a los que no queda otra finalidad en la vida que el enjabonar las cuerdas a fin de que aprieten bien los cuellos, y el irse luego a emborrachar con el veneno que les venden aquellas mismas gentes de las clases superiores, cultas y refinadas, a fin de que puedan olvidarse de su alma y de su condición de hombres lo más de prisa posible. Un doctor inspecciona los cuerpos, dando una vuelta a su alrededor, los palpa y declara a quien corresponde que la faena ha sido llevada a cabo como era debido, ya que no cabe duda alguna de que los doce están bien muertos. Y todos se dirigen a sus ocupaciones cotidianas, con la conciencia de haber participado en un trabajo desagradable, pero necesario. Y los cuerpos, ya rígidos y fríos, son descolgados y enterrados.

Textos:

Tolstoi Tres muertes

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/rus/tolstoi/tresmuer.htm

Tolstoi La muñeca de porcelana

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/rus/tolstoi/munyeca.htm

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agosto 11, 2011 Posted by | Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (82) por Roberto Brey

Tolstoi y un clásico retrato.

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Tolstoi (3) Los cuentos

Los cuentos y relatos cortos fueron parte de la vida de Tolstoi. Son innumerables y diversos: desde fábulas de un solo párrafo hasta largos relatos de los que se puede discutir si son cuentos o novelas cortas. Entre los más famosos, escritos desde 1857 a 1909, se cuentan: «El prisionero del Cáucaso», «Historia de un caballo», «El padre Sergio» o «El diablo», los relatos del sitio de Sebastopol, relatos para niños como “La muñeca de porcelana” o “La Camisa del Hombre Feliz”; o el muy elogiado «Cuánta tierra necesita un hombre» (según Joyce, el mejor cuento jamás escrito).

«Tolstoi es un gigante entre los demás escritores. Un elefante entre los demás animales. Como un elefante, puede arrancar un árbol de cuajo, pero también puede coger una mariposa con tanta delicadeza que no se pierda ni una brizna de polvo de sus alas.»

Turguéniev resumía así la magnitud de la obra del escritor, la amplitud del temario en la Rusia del siglo XIX, y al mismo tiempo, la complejidad de las relaciones entre los hombres y las contradicciones psicológicas de cada personaje.

En sus cuentos, Tolstoi describió a los personajes y circunstancias que iría desarrollando en sus novelas, algunos de exclusiva intención moralizante y didáctica, también otros dirigidos a los niños, muchos de ellos reunidos en el volumen Historias para el pueblo (1885). Luego escribió también otros cuentos, donde pudo desarrollar sus dotes literarias y su imaginación , como en La muerte de Iván Ilich (1886), donde analiza, no sólo algo tan complejo y de tanta magnitud como la muerte, sino que también va describiendo descarnadamente la burocracia de entonces, la hipocresía familiar, el interés egoísta de cada uno de los personajes y, como si fuera poco, se da el lujo de relatar el enfrentarse de un hombre con su propia muerte, y al que da la posibilidad única de llegar a un grado de comprensión inédito de su propia vida. Por eso, a las puertas de la muerte le ofrece al personaje de Iván una posibilidad postrera: “descubrió que su vida no había sido lo que debía, pero aún estaba a tiempo de remediarlo”, le hace pensar.

En otro relato, La sonata a Kreutzer (1889), inspirada en la Sonata N º 9 en La mayor de Beethoven, trata sobre el matrimonio, pero también describe a una sociedad que destina para la mujer un papel relegado, el ser un vehículo para la obtención de un placer, donde el hombre no encontrará una compañera sino a un objeto sexual y reproductivo; y que en algunos casos, para obtenerlo tendrá que pasar por el trámite del matrimonio. El amor, el matrimonio, el sexo y los celos, son tema de ese relato, que por algo fue censurado en Rusia y hasta prohibido en los Estados Unidos, por considerarse que Tolstoi ¡era un pervertido! Como suele ocurrir en esos casos, circuló en innumerables copias clandestinas.

En palabras del propio Theodore Roosevelt, Tolstoi era “un pervertido sexual y un desvirtuador de la moral.” Claro, tal vez porque Tostoi era capaz de hacerle decir a su personaje, hablando de las mujeres: “La servidumbre femenina estriba realmente en la asimilación de nuestras compañeras con un instrumento de goce”. Y si los hombres les dan derechos, “siguen mirándolas como objetos de placer únicamente, y en ese sentido se educan desde niñas”. Y agrega algo que aún hoy puede parecer revolucionario, al comparar la servidumbre que se acababa de abolir en Rusia con la propia de la mujer: “para la emancipación de la mujer hace falta que la opinión pública considere vergonzosa la estimación del sexo femenino como instrumento de voluptuosos placeres”.

A los 82 años, y cada vez más atormentado por la disparidad entre sus criterios morales y su riqueza material, y por las continuas disputas con su mujer, que se oponía a deshacerse de sus posesiones, Tolstoi, acompañado por su médico y la menor de sus hijas, se marchó de su casa. Tres días más tarde cayó enfermo de neumonía y, el 20 de noviembre de 1910, murió en una, dicen que remota,
estación de ferrocarril.

De Tolstoi se puede leer ¿Cuánta tierra necesita un hombre? En:

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/rus/tolstoi/cuanta.htm

El padre Sergio en:

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/rus/tolstoi/padre.htm

La muerte de Iván Ilich en:

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/rus/tolstoi/muertede.htm

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agosto 5, 2011 Posted by | Uncategorized | , , , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (81) por Roberto Brey

Tolstoi cabalga en sus tierras.

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Tolstoi (2) Las novelas

Poco después de su casamiento, Tolstoi planifica la realización de una gran novela histórica, que sería luego “La guerra y la paz”, y que iba a publicarse por entregas en “El mensajero ruso” durante cuatro años. Su primera parte llevará como título “El año 1805”. Esa novela, que se desarrolla entre 1805 y 1815, con el fondo de la invasión napoleónica, sería una de las obras cumbres del realismo y aportaría la máxima consideración para su autor.

Para los críticos argentinos Luis Gregorich y Jaime Rest, Tolstoi es “el máximo representante del realismo épico y psicológico”, en un país que produjo tantos escritores realistas en todas las variantes posibles; tantos, que algunos de ellos quedaron injustamente relegados, más allá de los que se quiso recordar en este panorama dedicado más que nada al cuento.

Durante los siguientes quince años vivió con su extensa familia, administró con éxito sus propiedades y escribió sus dos novelas principales, La Guerra y la Paz (1869) y Ana Karenina (1877). La primera, considerada una de las novelas más importantes de la historia de la literatura universal. Según Gregorich, a pesar de que se trata de una visión épica de la sociedad rusa, justo antes de la invasión napoleónica, “la obra resulta de una universalidad tan notable que sus elementos locales no entorpecen su lectura en cualquiera de las decenas de lenguas extranjeras a que el libro ha sido traducida”. Por la extensa narración, desfilan 559 personajes, conmemora relevantes batallas militares (“una crónica casi técnica de la campaña del ejército napoleónico en Rusia”) retrata a conocidas personalidades históricas, y particularmente a dos familias aristocráticas, los Rostov y los Bolkonski. Uno de los personajes, el conde Pedro Besújov, es casi autobiográfico, con las vacilaciones y los deseos humanitarios del propio Tolstoi. Entre las características de la novela, según Gregorich, se destaca el “equilibrio narrativo y descriptivo”, con una armonización casi perfecta entre lo subjetivo y lo objetivo. Una de las pocas críticas que se le realizan es la puesta en boca de algunos personajes, las opiniones éticas o filosóficas del autor, que podrían eliminarse sin desmedro para la obra. Para otros críticos, de la novela emana una filosofía extremadamente optimista, que atraviesa los horrores de la guerra y la conciencia de los errores de la humanidad, lo que constituye el mensaje principal de la obra. También se considera que los dos escritos fueron realizados durante un periodo particularmente feliz de su vida.

Si La guerra y la paz es la obra mayor, la novela épica, Ana Karenina, más breve e intimista, constituye el relato de un matrimonio desavenido con una relación adúltera por parte de la protagonista, Ana, en contraste con la pura relación entre los personajes de Kitty y Levin. Ese contraste que también se da entre la ciudad y el campo y sus vericuetos psicológicos, termina por convertir al libro “en uno de los mejores documentos narrativos de la literatura moderna”, como dice Gregorich. Finalmente, y pese a los intentos del autor por poner en palabras de Levin la necesidad de respetar determinados valores sociales, sofrenando personales deseos y el empuje del instinto, la fuerza de la literatura de Tolstoi resalta “la autenticidad del sentimiento que une a Ana y Vronski”.

Su reconocida actividad a favor de los campesinos le valió persecuciones del régimen y también le produjo una profundización en sus ideales religiosos, que lo llevaron a pasar una temporada en un monasterio. Esas inquietudes religiosas se vieron reflejadas en sus obras posteriores. En ensayos como Confesión (1882), se culpa de llevar una existencia vacía, que al final, en su búsqueda de valores morales terminó por encolumnarlo tras los principios evangélicos de amor hacia los seres humanos y resistencia a las fuerzas del mal. Recogió estos dos principios y los desarrolló en elocuentes ensayos, como Amo y criado (1894). Desde el centro de la autocrática Rusia de su época, atacó sin temor las desigualdades sociales y las formas coercitivas del gobierno y de las autoridades religiosas, clamó por una liberación de los odios individuales y por la adopción de modelos de vida dictados por la conciencia de cada uno.

Sus puntos de vista a favor de los campesinos y de la vida campestre, su humanismo, su odio al estado represor y a una iglesia burocrática no lo convirtieron en un revolucionario, sino en un aristócrata crítico. Como diría Arnold Hauser (Historia social de la literatura y el arte), Tolstoi desconoce las causas de la situación, y “es un enemigo declarado de toda actividad revolucionaria (…) (pero) fuesen cuales fuesen los motivos íntimos de su conversión y de su huida final, pertenecen a los fermentos que destruyeron la antigua sociedad y provocaron no solo la Revolución Rusa, sino el movimiento revolucionario anticapitalista en toda Europa.”

En el ensayo ¿Qué es el arte? (1898), condena a casi todas las formas de arte (ni él mismo se salva), porque las considera dirigidas a una elite cultural, y propugna un arte moral, en el que el artista comunique los sentimientos y la conciencia religiosa del pueblo. Si bien sus puntos de vista consiguieron la trascendencia de su fama, y un inmenso cariño de los sectores más humildes que los consideraron casi un profeta, también provocaron su excomunión en 1901.

Su última novela, Resurrección (1899), donde el personaje principal lo personifica en gran parte, plantea la posibilidad de la regeneración moral de un aristócrata inmoral y corrupto.

De Tolstoi ¿Qué es el arte? puede leerse en:
http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/opin/tolstoi1.htm

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julio 30, 2011 Posted by | Uncategorized | , , , , , , , | Deja un comentario