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El cuento: origen y desarrollo (138) por Roberto Brey

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Cultura y sociedad del Japón

 
(continuación)
 
También en el período Heian aparece el llamado Nihonkoku gempō zenaku reiiki (resumido a Nihon Reiiki o Nihon Ryōiki, Relación de hechos extraños y milagrosos de Japón) fue recopilado en el año 822 (por el monje bonzo Kyōkai del templo Yakushiji). Fue el primer libro, entre un sinnúmero de publicaciones anónimas de similares características, que es firmado por su autor. Se compone de cien cuentos populares que desarrollan distintos temas y que siempre acaban con una moraleja. En el prólogo el autor advierte sobre el objetivo de la obra:
Sin demostrar los estados del bien y del mal, ¿cómo se podrían corregir las equivocaciones y determinar lo correcto y lo incorrecto? Sin mostrar los resultados de la causa y el efecto, ¿cuál sería el motivo para deshacerse de la maldad y cumplir con el camino de la bondad?
Para algunos, se trata de  la más antigua colección japonesa del “budismo setsuwa” (una especie de miscelánea de anécdotas). Cada volumen comienza con un prólogo, y el volumen final contiene un epílogo. Hay un total de 116 cuentos que se ocupan de todos los elementos budistas, pero todos los trabajos están incompletos y debieron ser reconstruidos para una lectura actual.
El Nihon Ryōiki permitiría luego desarrollar en Japón una especie de “literatura de leyendas”, en la que el autor expresa la naturaleza de la humanidad, y se continúa con los Nihon kanryōroku (Anécdotas japonesas de sucesos maravillosos), en el mismo siglo. En los siguientes siglos continúa desarrollándose esa literatura que se basa en cierta concepción mágica y misteriosa de la realidad.
A partir de allí, la popularidad del Nihon Ryōiki irá en aumento, tomando diversas formas, hasta llegar a nuestros días.
La magnitud y la importancia de la tradición cuentística oral, se revela también en que a partir del desarrollo de la escritura no cesa el trabajo de recopilación. Se considera que fue por el denominado período Heian cuando se reunieron las más de mil historias de China, la India y Japón, en Konjaku Monogatarishū (Antología de Cuentos del Pasado).

Hoy se conocen 28 volúmenes de un total de 31 que habrían completado la colección. Diez de ellos están dedicados a relatos de la India y de China y el resto de Japón. La temática tiene que ver con el budismo, tanto en su desarrollo, transmisión y enseñanza como en la idea de la retribución kármica, el concepto de la ligazón entre las acciones pasadas, presentes y futuras y las consecuencias de ellas. También hay cuentos de carácter folclórico, que describen los encuentros entre humanos y personajes y hechos sobrenaturales. Los personajes típicos representan miembros de la nobleza, guerreros, monjes, escolares, doctores, granjeros, pescadores, mercantes, prostitutas, bandidos y mendigos de la sociedad japonesa, y los ogros y demonios que se les oponen.

Se cree que fueron compuestos entre los siglos XI y XII, aunque al quedar abandonados en un templo budista recién vieron la luz en el siglo XVIII. Con una importante cantidad de descripciones de la vida de la nobleza y del pueblo en el Japón de aquel tiempo, muchos de los relatos aparecen en otras colecciones, como las historias de espectros, que conforman una tradición que ha pasado de una generación a otra. Hasta los escritores contemporáneos adaptaron algunos de sus cuentos, como el más conocido, “En una arboleda”, de Akutagawa Ryūnosuke (conocido en el mundo a partir del film de Akira Kurosawa, “Rashōmon”). Allí Akutagawa, pone en boca de Rashomon una frase textual del Konjaku Monogatarishū: al decir que sintió como si “los cabellos de su cabeza y cuerpo hubiesen endurecido”, para significar que estaba asustado.

Cuentos anónimos japoneses pueden leerse en:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/otras/anon/oriente/
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octubre 8, 2012 Posted by | Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (137) por Roberto Brey

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Sobre la Historia de Genji

 
Existen diversos estudios que tratan sobre la Historia de Genji. En uno de ellos, el especialista Manuel Tabares compara la similitud de la herencia de la literatura China para Japón, con la influencia de la grecolatina para occidente. Al margen del natural encanto del exotismo, destaca la calidad y la riqueza de la obra, y “el fuerte impacto que produjo descubrir que a comienzos del siglo XI la literatura japonesa  podría producir una obra de técnica narrativa tan refinada, de una visión psicológica tan aguda y de esa tonalidad tan extraña que sentimos, a la vez, como remota y próxima, como distante en el tiempo y también modernísima”.
 
Este es uno de los primeros libros escritos, que deriva de aquellos que recogen los poemas y los relatos populares, fundamentalmente de los cuentos fantásticos, y que contrastan con el realismo que se impone en otras partes de la obra.
Es interesante el papel que jugó la señora Murasaki, su autora, en el desarrollo de la literatura de su país y que, por suerte pudo dejar parte de su personalidad en un diario íntimo que, de alguna manera complementó su obra literaria. “…no hay ningún hombre que mire por mi futuro”, decía en él al poco de enviudar, aunque es sabido que pertenecía a una familia poderosa, única posibilidad para que se le permitiera desarrollar su afición.
Pero continuaba: “No quiero sepultarme a mí misma en la melancolía. ¿Será por mi espíritu mundano que me siento sola? En las  noches de luna, en otoño, cuando me siento desesperadamente triste, voy a menudo hasta el balcón y contemplo la luna soñadoramente. Me hace pensar en los días que pasaron”.
 
Observar, leer y escribir fue su destino, tal vez vista con desprecio por las otras damas de la corte; relata que cuando les leía libros en chino a sus doncellas, estas se lo reprochaban porque “acortaba su vida”, decían, en la antigua creencia de que hacer cosas prohibidas acortaba la vida.
Pero también contaba: “Cuando estoy entre señoras de la corte tampoco digo lo que quisiera decir porque es inútil hablar con aquellos que no nos entienden y fastidioso hablar con aquellos que critican con un aire de superioridad”.
 
Seguramente ese distanciamiento, esa comprensión de la sociedad en que vivía y sus dotes de observadora, fueron las que le permitieron escribir esa obra fundamental de la literatura japonesa y además pensar sobre su trabajo como si viviera varios siglos más tarde. Uno de los protagonistas de su Historia (ella misma a través del príncipe Genji) explica:

“Tengo una teoría propia acerca de lo que es este arte de la novela y cómo nació. Primero no consiste sencillamente en que el autor haga una narración de las aventuras de otra persona. Por el contrario, la novela surge porque la propia experiencia del narrador acerca de los hombres y cosas, ya sea en bien o en mal  -y  no solamente lo que él mismo ha pasado, sino también los hechos  que no hizo más que presenciar o que le fueron contados-, le produjo una emoción tan arrebatadora, que no podría tenerla encerrada más tiempo en su corazón. Muchas veces algo de su propia vida o de lo que lo rodea le parece al escritor tan importante, que no puede soportar que quede en el olvido. Jamás deberá llegar el día -piensa- que los hombres no sepan esto. Esa es mi idea de cómo surgió este arte.Evidentemente, pues, el describir sólo lo que es bueno y bello no es lo que concierne al arte del narrador. Por supuesto que a veces su tema será la virtud y entonces podrá jugar con él como le parezca. Pero justamente no es lo menos probable que le hayan impresionado numerosos casos de vicio e insensatez del mundo que le rodea, y con respecto a ellos tiene exactamente los mismos sentimientos que con respecto a las acciones superlativamente buenas con que tropieza: son importantes y hay que guardarlas en las trojes. Así, todo, sea lo que fuere y cuanto suceda en esta vida terrenal y no en algún país de hadas que escapa a nuestro alcance (…)”

“(…) Historias comunes son sólo meros registros de eventos, y generalmente son tratados de una sola forma. No dan una visión interior del verdadero estado de la sociedad. Esta, sin embargo, es la verdadera esfera en la que principalmente moran las novelas. Las novelas, son ciertamente ficciones, pero no siempre representan puras invenciones; siendo estas sus únicas peculiaridades, que en ellas los escritores frecuentemente desarrollan, entre numerosos personajes reales, el mejor, cuando desean representar el bien, y el más extraño, cuando desean entretener. (…)”

El experto japonólogo Donald Keene (1922-), compara la Historia de Genji con En busca del tiempo perdido de Marcel Proust: “Hay entre estas dos obras sorprendentes analogías de técnica, tales como, por ejemplo, mencionar casualmente personas u sucedidos y sólo más tarde desarrollar de una manera sinfónica toda su significación”.
 
También se refiere a los temas comunes:
“El asunto de ambas novelas es el esplendor y decadencia de una sociedad aristocrática y en ambas los varones se distinguen menos como cazadores y pescadores que por sus insuperables habilidades musicales, su gusto impecable y su conversación brillante. Eran sociedades snobs sumamente sensibles al linaje y al rango (…)”
 
Octavio Paz, por su parte (el escritor mexicano es otro de los estudiosos del Japón y de su literatura), asegura que lo que asemeja a ambas obras es “la conciencia del tiempo”…
 

“Es tan aguda en Murasaki que de golpe todo se vuelve irreal. Inclinado sobre sí mismo, en un momento de soledad o al lado de su amante, Genji ve al mundo como una fantasmal sucesión de apariencias. Todo es imagen cambiante, aire, nada. “El sonido de las campanas del templo de Heion proclama la fugacidad de todas las cosas”. Simultáneamente, la conciencia de la irrealidad del mundo y de nosotros mismos nos lleva a darnos cuenta de que también el tiempo es irreal. Nada existe, excepto esa instantánea conciencia de que todo, sin excluir a nuestra conciencia, es inexistente. Y así, por medio de una paradoja, se recobra de un golpe la existencia, ya no como acción, deseo, goce o sufrimiento, sino como conciencia de la irrealidad de todo. Para Proust sólo es real el tiempo; apresarlo, resucitarlo por obra de la memoria creadora, es aprehender la realidad. Este tiempo ya no es la mera sucesión cuantitativa, el pasar de los minutos, sino el instante que no transcurre. No es el tiempo cronométrico sino la conciencia de la duración. Para Murasaki, como para todos los budistas, el tiempo es una ilusión y la conciencia del tiempo, y la de la muerte misma, meras imágenes en nuestra conciencia; apenas tenemos conciencia de nosotros mismos y de nuestra nadería, sin excluir la de nuestra conciencia, nos libramos de la pesadilla de la ilusión y penetramos al reino en donde ya no hay tiempo ni conciencia, ni muerte ni vida. La única realidad es la irrealidad de nuestros pensamientos y sentimientos.”

 
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septiembre 22, 2012 Posted by | Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (136) por Roberto Brey

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Diferentes periodos políticos y culturales del Japón

 
El desarrollo del Budismo en la época de Nara (710 – 794)
 
Hasta el 710, la capital se desplazaba cada vez que un nuevo Emperador subía al trono. Sin embargo, en ese año, la corte imperial se fijará definitivamente en Nara. Durante los 84 años de este periodo, siete emperadores se irían sucediendo en Nara. El budismo se desarrolla y miles de templos se construirán uno tras otro por todo el país. Además, aparecerán otras esculturas y otras formas de arte influenciadas por el budismo, de las que se destaca la imagen de bronce de Buda, realizada en el 752 en el templo de Todaiji. Es el bronce más grande de Buda en Japón. Todavía hoy Nara se enorgullece de sus antiguos templos y de los panteones de la familia imperial.
“El cortador de bambú”
Un relato de tradición oral, según se cree escrito en el siglo IX, hace pocos años fue traducido al castellano. Se trata de “El cortador de bambú”, cuento, relato o historia, que responde al mundo fantástico de las tradiciones antiguas, y al mismo tiempo está enlazado con la moderna ciencia ficción, ya que el personaje central no es de este mundo y en su final, como en otras tradiciones antiguas, parece remontarse a un cielo que contiene otras civilizaciones.
Está considerado el primer trabajo de ficción escrito en letras silábicas nacionales (y no en caracteres chinos), es una obra basada en la tradición más remota de la historia literaria japonesa y muchos lo tienen como el arquetipo y padre de todas las obras de ficción japonesas.
Un fragmento de la versión de María Luisa Arnaiz Sánchez comienza así:

   “Hace ya mucho tiempo, había un viejo cortador de bambú. Andaba por los campos y montes cortando bambúes para los más diversos usos. Se llamaba Sanuki no Miyatsuko. Un día, encontró un bambú cuyo pie resplandecía. Intrigado, el viejo se aproximó y vio que la luz provenía del interior de una sección del tronco. Al cortarlo, halló a un ser humano del tamaño de tres pulgadas sentado con una gracia sin igual. El viejo cortador dijo así:
– Ya que te encuentras dentro del bambú que veo cada mañana y cada tarde, queda claro que estás destinada a ser mi hija.
Y se la llevó a casa en la palma de la mano. La confió a su anciana mujer para que la criara. Su encanto era infinito. Como era tan pequeña la cuidaron metida en una cesta de bambú.
El viejo cortador de bambú seguía cortando bambúes. Pero desde que halló a la niña,  empezó a encontrar bambúes con oro dentro de cada sección. Así se fue haciendo rico poco a poco.
La niña, a medida que la alimentaban, se la veía crecer, y al cabo de tres meses era ya tan alta como un adulto. De manera que le organizaron la ceremonia de recoger el cabello en lo alto y la vistieron de mayor. La cuidaban con gran amor y nunca la dejaban salir de detrás de los visillos. No había belleza comparable a la suya en el mundo y todos los rincones de la casa estaban llenos de la luminosidad de su hermosura. Si el viejo se encontraba mal, se ponía bien al verla. Si estaba enfadado por algo, se le pasaba…

Una versión completa de “El cortador de bambú” puede leerse en:
http://www.sprensalibre.com.ar/index.php?id=4154
El período Heian (794-1185), la etapa clásica de la literatura japonesa, duró de finales del siglo VIII a fines del siglo XII. Uno de los rasgos característicos del período es el protagonismo de mujeres cultas en las cortes, que a pesar de estar en una sociedad que las obligaba a ser sumisas con el hombre, poseían abundante conocimiento cultural.
En 905 se publicó bajo encargo del emperador la antología poética: Kokin wakashu o Kokinshu, una colección de poemas antiguos y modernos, con temas religiosos y mágicos. Además, la obra en prosa Ise-Monogatari (Cantares de Ise), influyó después sobre las dos obras más importantes de esta era, ambas escritas por mujeres en el siglo XI: Makura no Sōshi (Libro de la almohada), escrita por Sei Shōnagon y Genji Monogatari (Romance de Genji), escrita por Murasaki Shikibu en 1008.
El primero es un libro autobiográfico, que muestra muchos rasgos de la cultura japonesa de la época, como el ideal de belleza de hombres y mujeres entre la aristocracia japonesa.
La historia de Genji, escrita casi al mismo tiempo que la anterior, por Murasaki Shikibu, es un inmenso relato de 54 capítulos y más de 4.000 páginas, donde se cuenta la historia del hijo de un emperador japonés.
Murasaki Shikibu (973-1013), hija de un aristócrata que vivió en la corte japonesa a finales de la Heian escribiría:
“En cierto reinado, alguien de rango no muy elevado gozaba de un favor muy excepcional entre todas las consortes e íntimas de Su Majestad. Las demás, se habían considerado con derecho exclusivo al alto lugar que ocupaban, sentían un profundo desprecio por aquella mujer que les parecía espantosa.”
Así empieza “la Historia de Genji” (Genji monogatari) que narra las historias amorosas del príncipe Genji.
Debido a las restricciones mencionadas, la autora no pudo aprender la lengua china y debió contentarse con la escritura silábica para su obra. Los primeros lectores de la novela fueron las damas de compañía de la emperatriz, pero pronto se popularizó. Tanto es así que en Japón se declaró al 2008 como “año del milenio de Genji”, y se realizaron diversas actividades conmemorativas.
De la importancia de esa participación femenina en la literatura en aquellos comienzos dice la estudiosa argentina Amalia Sato en un reportaje:
“Yo en un principio tenía una visión entre comillas feminista del papel de las mujeres, pero si no hubieran sido pares con los hombres al convertir esa escritura en la literatura amorosa, en la literatura epistolar, etcétera, no se habría conservado esa modificación caligráfica que fueron ejerciendo sobre los ideogramas, que los terminó transformando en un sistema fonético. Y esa escritura de mujeres, de mano de mujer, después hizo que se tiñera toda la literatura japonesa con el adjetivo de femenino. Todo lo que los hombres también sentían se designaba como femenino. Ese es un tema de género que hasta el día de hoy, yo creo, está trabajando en la cultura japonesa y hace que resulte tan atractiva. Lo femenino no es necesariamente mujer. Ese paso de hombre-mujer, mujer-hombre, como un travestismo cultural, que en el caso de Japón tiene su origen desde la fundación de la propia escritura…”
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septiembre 14, 2012 Posted by | Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (135) por Roberto Brey

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Literatura japonesa

Literatura antigua de Japón

 
Muchos investigadores de la historia del Japón consideran que su aislamiento geográfico contribuyó al mantenimiento de una sociedad primitiva, es decir, sin una estructura de poder, por miles de años, hasta casi el siglo VI d. C, con la creación del Estado Imperial. Existió además en Japón una gran preponderancia de la cultura china, que se acentuó entre los siglos III y II a. C., con la introducción de la cultura del metal, altamente desarrollada por los chinos, y la aparición de utensilios de madera tales como cucharones, martillos, arados y morteros; también artículos de bronce, que incluían espadas, lanzas y objetos diversos para rituales.
Como parte de esa penetración cultural aparece, previo paso por Corea, la escritura china, que durante siglos sería utilizada, con adaptaciones, como propia por los japoneses. Es, como ya se mencionó, a través del budismo que se afianza esa escritura china, pese a las diferencias entre la lengua china y japonesa. Por mucho tiempo coexistieron varios alfabetos en Japón, algunos más simples, utilizados por el pueblo y los más complejos de uso en las cortes. En el caso de los eruditos, podían leer perfectamente los textos chinos, pero la pronunciación era diferente. Y la escritura, similar a la china, era de arriba abajo y de derecha a izquierda.
En el siglo cuarto, cuando se estableció la dinastía Yamato (hasta el año 710, momento en que se traslada la capital a Nara, y da comienzo la era Nara), el sintoísmo fue la religión principal en Japón, y se caracterizaba por el respeto hacia la naturaleza, los antepasados y los héroes nacionales.
Durante los siguientes siglos, el budismo desempeñaría un importante papel en la creación de la cultura única del Japón. Hoy coexisten ambas creencias, aunque los japoneses suelen preferir el Shinto para los rituales de nacimiento y matrimonio, y el budismo para los ritos funerarios.
Según algunas fuentes, antes de contar con escritura, los habitantes del Japón primitivo se tatuaban el cuerpo. Así lo señalan las “Crónicas del país de Wa”, una antigua crónica imperial china, considerada el primer texto que se refiere a Japón.
Wa era una forma en que los chinos llamaban al Japón y como se denominaban a sí mismos y a su país los antiguos pobladores.
En la foto, la descripción del ideograma, de acuerdo a Wikipedia: “Ideograma de Wa, formado por el radical de “persona” (a la izquierda) y el elemento fonético “Wa” a la derecha (que se representa por una planta de arroz en la parte superior y una mujer en la parte inferior)”.
Amalia Sato, en su ensayo “Escrituras de mujeres en el este de Asia” también considera que en esas crónicas se hace referencia al tatuaje de los habitantes del reino de Himiko (en el norte de la isla de Kyushu). El tatuaje corporal fue entonces la primera modalidad de escritura en Japón. Algunos estudios creen que existía una primitiva escritura antes de la introducción de los caracteres chinos. Lo cierto es que se considera que la escritura japonesa nace a partir de la fonetización de los caracteres chinos y el desarrollo de una sintaxis propia.
A partir del desarrollo de la escritura se abren en Japón las puertas a la creación literaria: las crónicas Kojiki (Memorias de los sucesos de la humanidad) y Nihonshoki (Anales o crónicas de Japón), así como las poesías Manyoshu (Colección de diez mil hojas 4.500 poemas) que serían recopiladas alrededor del año 760 y que fueron compuestas por personas de diferentes sectores sociales. (Periodo Nara) Todos estos serían una forma de transición de la antigua poesía oral a la nueva literatura escrita. Estas obras constituyeron empresas oficiales, vinculadas al objetivo político de constituir un poder central y de entroncar las familias imperiales con las deidades del Japón antiguo, reuniendo datos históricos y tradicionales del linaje imperial y dejar una única historia para los descendientes. El Kojiki surgió del esfuerzo del Emperador Tenmu (673-686) por compilar las narraciones orales del kataribe Hieda no Are, mientras que Nihonshoki fue encargado por la emperatriz Gensho, un intento de historia del Japón en treinta tomos (712).
Durante mucho tiempo, la literatura japonesa estuvo fuertemente influenciada por la literatura clásica china y no fue hasta el siglo XII cuando el Japón logró encontrar un estilo propio de calidad.
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septiembre 7, 2012 Posted by | Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario