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El cuento: origen y desarrollo (126) por Roberto Brey

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Ahora le toca a la China

 
Si bien la literatura de China no tiene los antecedentes de la surgida en la Mesopotamia (ver capítulo 115), algunos estudiosos dicen que las tradiciones orales semi literarias provienen de 3.000 años atrás. Tampoco es posible considerar “literatura”, como algunos insinúan, a los primeros escritos en huesos y caparazones de tortugas, posteriores al siglo XIV a C. Aquellos, más que la transcripción de un lenguaje oral, fueron los primeros intentos por trasladar gestos y sonidos guturales, a partir de necesidades concretas.
 
Muchas de las leyendas de épocas antiguas consideran a la escritura como un regalo de los dioses, cuando en realidad quedó establecido que la creación de la escritura moderna es producto de un largo proceso (de más de 5.000 años) debido al esfuerzo del hombre por poner por escrito, de la manera que podía y de acuerdo a las diferencias culturales de cada lugar, todo aquello que procuraba conservar de su grupo, particularmente la descripción contable de sus pertenencias. De alguna manera surge de una ‘necesidad’ práctica por encima de cualquier ‘deseo’ de entretenimiento o de placer estético o artístico.
 
Mal podríamos tampoco diferenciar por la escritura un determinado nivel de desarrollo en algún pueblo (ver capítulo 111). En algún momento Jean-Jacques Rousseau (1673-1712) planteó este tema al considerar las diferencias entre tres maneras de escribir: la que describe ideas, como los jeroglíficos egipcios y los glifos aztecas; la que representa proposiciones por medio de caracteres, como la china; y las palabras compuestas por un alfabeto. En su “Ensayo sobre el origen de las lenguas” de 1817, Rousseau explica:
 
“Estas tres maneras de escribir responden con bastante exactitud a tres estados diferentes bajo los cuales se pueden considerar la naciones constituidas por los hombres. El dibujo de los objetos corresponde a los pueblos salvajes; los signos de las palabras y de las proposiciones a los pueblos bárbaros; y el alfabeto a los pueblos civilizados.”
 
Es evidente que esta visión es no solo discriminatoria, sino también equivocada.
Dos siglos después, Claude Lévi-Strauss (1908-2009) relata una anécdota de cuando fue profesor de la Universidad de la Sorbona de París, en una cátedra que se llamaba: “Religiones de los pueblos no civilizados”, a la que dispuso cambiar de nombre para no ofender a sus alumnos; eligió el de “Religiones de los pueblos que no cuentan con escritura”, con lo que al decir del ya mencionado estudioso Luis-Jean Calvet, cae en una utilización de los términos “no civilizados” y “sin escritura” como sinónimos.
 
Al principio se hacía mención a que en la antigüedad se percibía a la escritura como un don, un regalo, y  no como el ingenio de los hombres desarrollado y perfeccionado a través de miles de años. Y es bueno señalar que esta convicción existía también en China. Según el célebre Shuo wen jie zi de Jiu Chen,  publicado en el siglo I de esta era, fue Chan Ji, enviado de Huang Di (el “dios amarillo”), quien en el siglo XXVI a. C., se inspiró en las huellas de diversos animales para inventar una escritura a partir de las diferentes marcas que dejaban. Esto en China, con esa escritura. Si pensamos en otras regiones con otros mitos, vemos que los dioses son diferentes y tienen variadas maneras de inventar las diversas formas de escritura, de las que se valió antes y que sigue utilizando el hombre hoy.
 
En la China Primitiva

Muchos estudiosos hablan de escritura clásica que, como se dijo antes, no es lo mismo que literatura. Este período se extiende hasta principios de nuestra era, y esa escritura fue extendiéndose hacia territorios vecinos, fundamentalmente como difusora del budismo. En realidad, una versión del budismo, que ya en años anteriores se había introducido en China desde la India. Claro que, tenía sus diferencias. Como cuenta Calvet, además de los textos base: los sutras (especie de aforismos dictados por Buda) y las obras de metafísica traducidas al chino, el budismo chino contaba con biografías de monjes, comentarios, glosas, etc., escritos directamente en chino. Al extenderse estas obras por Corea, Vietnam, y luego Japón, no sólo se propagaba la religión, sino también la escritura, que fue adaptándose luego en cada país. Hablamos ya del siglo III en adelante, de nuestra era.
 
Es conveniente señalar acá que la escritura en China significó también un paso importante para entenderse mejor en  medio de la diversidad lingüística que la caracterizaba. Aún en esta época se hablan una cincuentena de lenguas minoritarias, por parte de un 5% de la población (lo que representa para la actual China nada menos que 52 millones de personas). Además de ellas, según determinó el especialista Maurice Coyaud en 1969, existen las lenguas mayoritarias que son siete. Seis pertenecientes al sudeste y otra, el mandarín, compuesta por tres dialectos. 
 
 
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junio 29, 2012 Posted by | Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (116) por Roberto Brey

copista medieval.116


El Pergamino

 
El papiro tuvo un competidor, que nació en Pérgamo. La biblioteca de Alejandría en Egipto (desde el siglo III a. C hasta el III de nuestra era), en su momento de mayor esplendor llegó a tener cerca de un millón de libros, gracias a su política de copiar todo libro que pasara por la zona. Pero en un momento tuvo una competidora: la biblioteca de ciudad de Pérgamo en el Asia Menor. La rivalidad hizo que Alejandría le negara a Pérgamo el papiro que se fabricaba en esa ciudad, por lo que el rey de Pérgamo debió inventar un nuevo soporte, realizado en piel de cordero o cabra que recibió el nombre de Pergamino. El trabajo sobre el cuero, en algunos casos llegó a realizar un pergamino tan fino que según algunos historiadores se podía meter todo un rollo en una cáscara de nuez.
 
El triunfo del pergamino se verificó en un momento en que las luchas entre diversos pueblos llevó al mínimo la actividad de los escribas o amanuenses. Se quemaron bibliotecas, desaparecieron los establecimientos de escritura y se redujo al interior de los monasterios esa actividad, por lo que quedaron muy pocos, la mayoría monjes.
 
Por entonces y ya en época medieval,  la tinta había cambiado: más durable, penetraba en la piel del pergamino y era muy difícil borrarla.
La técnica se pulió, las letras mejoraron, se dibujaba la primera letra del escrito con toda clase de ilustraciones, las letras se apretaron para ahorrar espacio y se borraba raspando el material. En la Edad Media un libro de quinientas páginas tardaba un año en ser copiado. Para conocer lo esforzado del trabajo del copista, vaya el texto que uno de ellos ha dejado:
 
“Si no sabes lo que es la escritura podrás pensar que la dificultad es mínima, pero si quieres una explicación detallada, déjame decirte que el trabajo es duro: nubla la vista, encorva la espalda, aplasta la barriga y las costillas, tortura los riñones y deja todo el cuerpo dolorido…”
Colofon de Silus Beatus.
 
Por entonces ya el pergamino se cortaba en hojas de diferentes tamaños, muy parecidas a las actuales. Copiar, era un trabajo considerado como una obra piadosa, pero que exigía también una recompensa al monje. Un escritor actual dejó también una excelente descripción:
 
El scriptorium
 
Al llegar a la cima de la escalera entramos, por el torreón oriental, en el scriptorium, ante cuyo espectáculo no pude contener un grito de admiración. El primer piso no estaba dividido en dos como el de abajo, y, por tanto, se ofrecía a mi mirada en toda su espaciosa inmensidad. Las bóvedas, curvas y no demasiado altas (menos que las de una iglesia, pero, sin embargo, más que las de cualquiera de las salas capitulares que he conocido), apoyadas en recias pilastras, encerraban un espacio bañado por una luz bellísima, pues en cada una de las paredes más anchas había tres enormes ventanas, mientras que en cada una de las paredes externas de los torreones se abrían cinco ventanas más pequeñas, y, por último, también entraba luz desde el pozo octogonal interno, a través de ocho ventanas altas y estrechas. …
Tal y como apareció ante mis ojos, a aquella hora de la tarde, me pareció una alegre fábrica de saber. … Los anticuarios, los copistas, los rubricantes y los estudiosos estaban sentados cada uno ante su propia mesa, y cada mesa estaba situada debajo de una ventana. …
Los sitios mejor iluminados estaban reservados para los anticuarios, los miniaturistas más expertos, los rubricantes y los copistas. En cada mesa había todo lo necesario para ilustrar y copiar: cuernos con tinta, plumas finas, que algunos monjes estaban afinando con unos cuchillos muy delgados, piedra pómez para alisar el pergamino, reglas para trazar las líneas sobre las que luego se escribiría. Junto a cada escribiente, o bien en la parte más alta de las mesas, que tenían una inclinación, había un atril sobre el que estaba apoyado el códice que se estaba copiando, cubierta la página con mascarillas que encuadraban la línea que se estaba transcribiendo en aquel momento, y algunos monjes tenían tintas de oro y de otros colores. Otros, en cambio, solo leían libros y tomaban notas en sus cuadernos o tablillas personales.
Umberto Eco, En nombre de la rosa
 
Los libros eran encuadernados, sus tapas a veces mezclaban madera y metales preciosos, muchas veces se ataban esos libros con cadenas de hierro a las tablas, para evitar que fueran robados. En 1770, en la Biblioteca de la facultad de Medicina de París se encontraban libros de esa clase, y de esa época data la expresión leer las lecciones y escuchar las lecciones, cuando el profesor tenía la costumbre de leer el único libro y explicarlo, mientras los estudiantes escuchaban.
 
La escuela de los escribas (fragmento de una obra mesopotámica)
“He recitado mi tablilla, he desayunado, he preparado mi nueva tablilla, la he llenado de escritura, la he terminado; después me han indicado mi recitación y, por la tarde, me han indicado mi ejercicio de escritura. Al terminar la clase he ido a mi casa. He hablado a mi padre de mi ejercicio de escritura, después le he recitado mi tablilla y mi padre ha quedado muy contento… Cuando me he despertado, al día siguiente, por la mañana muy temprano, me he vuelto hacia mi madre y le he dicho: dame mi desayuno, que tengo que ir a la escuela.
Mi madre me dio dos panes y me fui a la escuela…
Me presenté al maestro, le hice la reverencia.
Mi padre escolar leyó mi tablilla y dijo:
-¡Está rota! – y me golpeó. Cuando el maestro preguntó sobre las reglas de la escuela, me dijo:
-Te vi andando por la calle, no aprovechas tu tiempo – y me golpeó.
El encargado de la conducta me pegó… El encargado de la puerta  me pegó… El maestro me pegó…”.

abril 19, 2012 Posted by | Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (114) por Roberto Brey

Alfabeto cuneiforme mesopotamico114


Cercano Oriente, Africa, China, Japón, India.
 
Los primeros escritos y su evolución

Si como dijimos en algún lugar, la escritura nace para que las palabras permanezcan… es posible que si esas palabras dichas al viento -que hayan sido modificadas, olvidadas y recreadas, formando historias, pensamientos o relatos-, pudieron mantener el concepto de lo que expresaban, fue a partir de la creación de la escritura.
 
El sociolingüista  francés Louis-Jean Calvet (1942) considera a la escritura como producto de un largo proceso histórico debido al ingenio, y necesidad, de los hombres. Para él, treinta siglos de evolución a partir de los kia wen (inscripciones sobre escamas y caparazones de los siglos XII y XI a.C. en China), dan por tierra con las leyendas antiguas del este y del oeste, que le atribuyen a los dioses la creación de la escritura.
 
En su trabajo sobre el origen de la escritura, Calvet extrae interesantes conclusiones.
1) Que las distintas escrituras del mundo no provienen de un mismo modelo inicial, pero todos los alfabetos tienen un origen común: pictogramas que enseguida adquieren valores fonéticos, evolucionando hacia una escritura silábica y, por acrofonía (conserva sólo la primera letra de una sílaba o palabra), hacia el alfabeto.
2) El origen de la escritura es llevar la contabilidad, conservar edictos y leyes, mantener vivos en las tumbas el recuerdo de los personajes importantes. La escritura aparece en las ciudades. Es práctica. Mucho más tarde la escritura pasó a ocuparse de otras funciones (estéticas).
3) En todas las épocas la voluntad fue mantener en grupos restringidos el poder que ella confería. También en la época moderna, lo que demuestra “que existe un vínculo muy estrecho entre escritura y poder”. “La escritura, nacida de las necesidades de los poderes  civiles o de los poderes religiosos, enseguida se convertiría en una apuesta del poder, y hasta cierto punto continúa siéndolo en la actualidad”, asegura.
4) “Los alfabetos no suponen en modo alguno la forma más perfecta de escritura”. En el momento en que Europa daba los últimos retoques al alfabeto heredado de la Mesopotamia… los mayas elaboraban su sistema…
 
Calvet considera como una necesidad humana el retener el lenguaje oral. “Para ello ingenió diferentes soluciones que se apoyan, todas ellas, sobre el mismo principio: acercar el carácter pictórico al gestual, es decir, poner los trazos gráficos al servicio de esas palabras que se desvanecen”.
 
Pero los formatos encontrados hasta hoy para conservar la memoria -asegura-, gracias a las nuevas tecnologías, mañana estarán en un “museo de antigüedades” y darán paso a otros modos de conservación.
 
Desde aquella escritura pictográfica del sur de la Mesopotamia 3300 a. C, pasando por la escritura egipcia, los cuneiformes sumerios, los pictogramas chinos, los alfabetos griego, etrusco, itálicos (VIII  a. C), el alfabeto latino, el brahmí, el hebreo,  la definitiva escritura china, el godo, el árabe (s. IV). Y pasando por la expansión de la escritura china a Corea, Vietnam y Japón, como línea de expansión del budismo a principios de nuestra era, hasta llegar al día de hoy; en todo ese período existieron distintos tipos de escritura, tanto en los diferentes géneros literarios, como en los formatos de los libros (cuero o papiro antes, papel o digitales hoy).
 
De esto se desprende que más allá de la reconocida tradición oral del cuento como proveniente del cercano oriente y de China, también hubo textos de toda variedad realizados por escritores no occidentales. Sin embargo, teniendo en cuenta el predominio de occidente durante la época moderna, tanto en lo político como en lo militar, mucho de lo escrito hoy se desconoce, especialmente en nuestros países colonizados, y parte de lo que se pudo haber producido en la misma América como en Asia y África fue destruido, ignorado, o simplemente no traducido a las lenguas occidentales predominantes, lo que mantiene en la oscuridad hasta hoy mucho de lo producido en la antigüedad.
 
Occidente actuó, con respecto del mundo todo, como una especie de vidriera, algo así como hoy actúan los grandes medios de comunicación con la información en general: “lo que no aparece en ellos no existe”, suelen decir, y sólo un arduo trabajo de investigación puede rescatar lo que producen los sectores más postergados del mundo, de la humanidad o de un país, y su trascendencia, por lo menos para lo que Occidente considera trascendencia, es muy relativa, en aras del afán permanente por la uniformidad del pensamiento y del mercado, objeto de lucro y de ganancias por quienes hoy dominan en el mundo.
 
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abril 3, 2012 Posted by | Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario