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El cuento: origen y desarrollo (79) por Roberto Brey

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Dostoievski y los cuentos (5)

Ilustración para “El sueño de un
hombre ridículo”.

Presentes en sus cuentos están también los niños, “presa fácil de las injusticias más grandes”, y dibujados por el autor como “los seres más vulnerables de la vida”, según destaca Bela Martinova en el prólogo de una recopilación de sus cuentos.

Es en el cuento “donde Dostoievski concentra con más intensidad el contenido filosófico de su obra”, señala Bela Martinova, que también halla en este género la lucha del autor ruso contra el monstruo de la burocracia, así como el bien y el mal.

Y es en “El sueño de un hombre ridículo” (1877), el cuento “más bello” para la traductora, donde Dostoievski aborda el aspecto moral del bien y el mal “con inusitada delicadeza para que finalmente triunfen la bondad y la belleza. Un bello final, pues, para un cuento inigualable que estéticamente se eleva a la condición de obra maestra”.

En “Bobok” los nombres propios de los muertos que hablan y juegan a las cartas tienen presente los grados que ocuparon en vida, donde siguen manteniéndose en la ultratumba. Así, el general Pervoiédov tiene un apellido que significa “comer primero” e “ir en primer lugar”, de acuerdo con su categoría militar.

El matrimonio concertado de niños es otra de sus denuncias; en ‘El árbol navideño y la boda’ (1848). Allí el narrador cuenta cómo, cinco años atrás, asistió a una fiesta navideña en casa de un rico comerciante, cuya niña era un excelente partido, y allí presencia la concertación de la boda de ésta con el interesado. Cinco años después, también es invitado al casamiento de ambos y, al ver la tristeza pintada en el rostro de la joven, abandona con enojo la ceremonia.

En Diario de un escritor, Dostoievski rememora la historia de su “descubrimiento”. Cuando terminó de escribir Pobres gentes le enseñó una copia a su amigo Dmitri Grigórovich, quien se la mostró al poeta Nikolái Nekrásov. Al leer el manuscrito de Dostoievski en voz alta, estos dos autores se sorprendieron por la perspicacia psicológica del trabajo y por su habilidad para llegar a la sensibilidad humana. A pesar de ser las cuatro de la madrugada, se fueron directamente a casa de Dostoievski para decirle que su novela era una obra maestra. Más tarde, ese mismo día, Nekrásov le decía a Belinski. “¡Un nuevo Gógol ha nacido!” a lo que Belinski contestaba, “¡Para usted, parece como si los Gógols crecieran con la misma facilidad que las setas!” No obstante, Belinski tardó poco tiempo en mostrar su entusiasmo a Dostoievski, que en el Diario de un escritor, recuerda éste como uno de los mejores momentos de su vida.

Para el crítico Roberto Monforte Dupret la experiencia en presidio, cuando creyó que sería ajusticiado fue fundamental: “…esta experiencia siempre está presente en sus novelas, cuando los personajes imaginan repetidamente el estado de ánimo de un hombre que está a punto de ser ejecutado. En El idiota, su protagonista, el príncipe Myshkin, nos ofrece algunas detalladas descripciones sobre este tema, que confieren un realismo especial a la narración, ya que los lectores saben que el propio escritor ha sufrido esta terrible experiencia. La falsa ejecución hizo que Dostoievski apreciara la vida como el mayor de los regalos, valorando la libertad, la integridad, y la responsabilidad individual por encima de todo, en contraste con las ideas deterministas y materialistas que defendían los intelectuales más radicales de su época.”

Para Dupret, el cambio de actitud de la crítica social al cristianismo “se describe en su relato El campesino Marey (…) Dostoievski, a pesar de que su fe siempre estaba en continuo conflicto con su escepticismo, también se sentía profundamente identificado con la ortodoxia rusa, con la religión del pueblo llano, y llegó a la conclusión de que era necesario renunciar a todo progreso de estilo occidental y regresar a la vida patriarcal mediante la confesión, la expiación de los pecados y el amor cristiano. En una famosa carta describe que está sediento de fe “como la hierba seca” y concluye que “si alguien me demostrara que Cristo está fuera de la verdad y que, en realidad, la verdad está fuera de Cristo, entonces preferiría quedarse con Cristo antes que con la verdad.”

La caída de Dostoievski en posiciones contra el socialismo naciente y el catolicismo se acentuaron durante los últimos años de su vida. Según Dupret, “se dedicó a expresar sus opiniones políticas”, que fueron “cada vez más extremas. Por ejemplo, Dostoievski llegó a creer que Europa Occidental estaba al borde del fracaso, después del cual Rusia y la iglesia ortodoxa rusa crearían el reino de Dios en la tierra y se cumpliría la promesa del Libro de la Revelación. En una serie de artículos anti-católicos, se atrevió a comparar la iglesia católica romana con el socialismo, porque para ambos su mayor preocupación era la obtención y la conservación del poder terrenal. Su moral tocó fondo cuando publicó varios artículos antisemitas.” Aunque siguió publicando cuentos como: La mansa, El sueño de un hombre ridículo, La centenaria, etc.

“Un árbol de Noel y una boda” puede leerse en:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/rus/dosto/arbol.htm

“Novela en nueve cartas” en: http://www.sprensalibre.com.ar/index.php?id=2834

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julio 1, 2011 Posted by | Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (78) por Roberto Brey

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Dostoievski y los cuentos (4)

Si bien Dostoievski es reconocido por su obra novelística, los cuentos (muchos de ellos ensayos de obras mayores), son una lectura necesaria por el análisis que sobre el ser humano realiza. Sus críticos resaltan el talento de un autor que supo diseccionar el alma humana y retratarla bajo una luz que resalta por igual lo luminoso y lo oscuro; un autor que además sabe señalar el origen de ese claroscuro en las vivencias cotidianas que los atribulan, moldeándolos.

En sus relatos cortos el escritor ruso expuso sus críticas, argumentó sus perspectivas y aclaró y profundizó su temática de un modo más «sarcástico e irónico» que en sus novelas.

Con un humor sutil y un profundo análisis psicológico, explicaba sus ideas morales, basadas en la religión cristiana ortodoxa, y se oponía al racionalismo y al nihilismo. Se aprecia así en algunos de los primeros relatos cierta exaltación del sentimiento, muy cercana aun al romanticismo, como en “El corazón débil”, “El señor Projarchin” o “El pequeño héroe”. El primero sobre todo es un delirio donde precisamente la sublimación de los sentimientos, el miedo por un lado y el amor por otro, termina por conducir a la locura.

Tampoco hay que pensar que sus cuentos son producto de su época primera o experimental, pues supo escribirlos durante toda su vida. Son relatos breves, no todos pueden considerarse cuentos en el sentido que hoy se le puede dar, pero no son de menor calidad que sus novelas, aunque su temática sea similar, como los estafadores estafados en la «Novela en nueve cartas», el delirio de un avaro en «El señor Projarchin», o la generosidad del pueblo ruso en «El ladrón honrado». En ellos se aprecia cierta exaltación del sentimiento, muy cercana aún al Romanticismo.

“En este tipo de cuentos cabría incluir el celebérrimo ‘Noches blancas’ (hecho película por el director de cine italiano Luchino Visconti), donde la hiperestesia del protagonista convierte en una historia excepcional las cuatro noches que comparte con una joven, atrayendo al lector a un remolino de sentimientos donde giran la soledad, la exaltación de la amistad, el desbordamiento de la imaginación, el amor cándido y el apasionado y, finalmente, la pérdida”, señala uno de sus críticos.

Para algunos de sus admiradores, el atractivo de esos cuentos es “su capacidad para excitar los sentidos del que en ellos se adentra, logrando hacer partícipe al que lee de cuanto en las páginas sucede, tensando las fibras de su alma en una identificación perfecta con la emoción desatada que llena los relatos. Así ocurre con ‘El corazón débil’, donde quisiéramos de alguna manera intervenir para cambiar los hechos que se nos están narrando, obligando de algún modo al protagonista a sentarse a trabajar para huir de los pensamientos que le alejan por los caminos de la enajenación.”

Desnudar las pasiones del hombre, adentrarse en sus pensamientos más íntimos, al tiempo que escudriñaba dentro de los males de la sociedad de su época, unido a una prosa excepcional, fue tal vez lo que conformó su estatura de escritor.

En “La mujer ajena y el marido debajo de la cama” pone de manifiesto el absurdo de la buena gente que se preocupa por guardar las apariencias y defender un honor indefendible.

“Un episodio vergonzoso” describe los sentimientos encontrados ocasionados por las reformas sociales impulsadas por Alejandro II, cuando las clases dominantes dudaban entre mostrarse inflexibles con sus subordinados o acercarse al espíritu de liberalidad de otros países de Europa, y los reprimidos luchaban por su felicidad, en medio de contradicciones y desesperanzas.

También ‘El campesino Maréi’ es un ejemplo de esa preocupación, como el miedo a la muerte, que evoca la época de presidiario del autor, donde un honrado campesino, con el que vivió una anécdota en su niñez, le ayuda a mirar con otros ojos a los presidiarios, a los humildes (tan distanciados socialmente de él), con los que está obligado a compartir suerte.

Cuentos de Dostoievski: “Memorias del subsuelo”, “Noches blancas” y “El tritón”, pueden leerse en: http://www.sprensalibre.com.ar/index.php?id=2833

 
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junio 25, 2011 Posted by | Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (77) por Roberto Brey

La tumba de Dostoievski

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Dostoievski (3)


Opiniones

Dostoievski murió en su casa de San Petersburgo, el 9 de febrero de 1881, de una hemorragia pulmonar asociada a un enfisema y a un ataque epiléptico. Fue enterrado en el Cementerio Tijvin, dentro del Monasterio de Alejandro Nevski, en San Petersburgo. El vizconde E. M. de Vogüé, entonces embajador de Francia en Moscú, que asistió a este funeral, lo ha descrito como una especie de apoteosis. En su libro, «Le Roman russe», señala que entre los miles de jóvenes que seguían el cortejo, se podía distinguir inclusive a los «nihilistas», aquellos de los que había renegado en su juventud. Por su parte, Anna Grigórievna Snitkina (su esposa) señaló al respecto: «los diferentes partidos se reconciliaron en el dolor común y en el deseo de rendir el último homenaje al célebre escritor». En su lápida sepulcral puede leerse el siguiente versículo de San Juan, que sirvió también como epígrafe de su última novela, Los hermanos Karamázov:

“En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo, pero si muere produce mucho fruto”.
Existencialismo

Como ya se dijo, Dostoievski es considerado uno de los precursores del existencialismo y probablemente el mayor representante de la literatura existencialista. Novelas como Crimen y castigo, Memorias del subsuelo, Los endemoniados, Los hermanos Karamázov y El idiota tienen un carácter existencialista en sus temáticas, que enfatizan el libre albedrío del hombre como esencia, particularmente expresado por el renacimiento espiritual a través del sufrimiento, la idea del suicidio, el orgullo herido, la destrucción de los valores familiares y el falaz determinismo que el racionalismo occidental impone al hombre, subyugando su voluntad a las «leyes de la naturaleza». Dostoievski sostuvo: «la idea de la naturaleza humana que surge es imprevisible, perversa y autodestructiva; sólo el amor cristiano puede salvar a la humanidad de sí misma, pero ese amor no puede ser entendido desde la sensibilidad filosófica». Sartre, al opinar sobre el existencialismo en Dostoievski, destaca la reflexión de Iván Karamázov:

Dostoievski ha escrito: «Si Dios no existe, todo está permitido». He aquí el punto de partida del existencialismo. Efectivamente todo es lícito si Dios no existe, y como consecuencia el hombre está «abandonado» porque no encuentra en sí ni fuera de sí la posibilidad de anclarse. Y sobre todo no encuentra excusas. Si verdaderamente la existencia precede a la esencia, no podrá jamás dar explicaciones refiriéndose a una naturaleza humana dada y fija; en otras palabras, no hay determinismo: el hombre es libre, el hombre es libertad. Por otra parte, si Dios no existe, no encontramos frente a nosotros valores u órdenes que puedan legitimizar nuestra conducta. Así, no tenemos, en el luminoso reino de los valores, justificaciones o excusas. Estamos solos, sin excusas. Situación que creo poder caracterizar diciendo que el hombre está condenado a ser libre. Condenado porque no se ha creado a sí mismo, y no obstante libre porque, una vez lanzado al mundo, es responsable de todo lo que hace. El hombre, sin apoyo ni ayuda, está condenado en todo momento a inventar al hombre.

En toda su obra mostró Dostoievski un inmenso interés por el hombre de su tiempo. Estaba convencido de que el futuro de la humanidad se hallaba en juego. Por eso sus obras no abordan temas históricos sino actuales. “El hombre en la superficie de la tierra no tiene derecho a dar la espalda y a ignorar lo que sucede en el mundo, y para ello existen causas morales supremas”, decía. Y su realismo no se detuvo ante las facetas más oscuras del espíritu humano sino, por el contrario, penetró en ellas, colocando a los héroes de sus novelas en las situaciones más extremas, rastreando sus conflictos interiores y sus motivaciones más profundas. Consideraba su deber, en cuanto escritor, encontrar el ideal que late en corazón del hombre, “rehabilitar al individuo destruido, aplastado por el injusto yugo de las circunstancias, del estancamiento secular y de los prejuicios sociales.”

Esa temática, y el modo de abordarla, de sus novelas trágicas se adelantó en el tiempo a los estudios psicoanalíticos sobre el inconsciente, al surrealismo y al existencialismo. En cuanto a lo estrictamente literario, tal vez haya sido su gran aporte el haber colocado al narrador dentro de la obra, dejando la postura externa de quien relata una historia ajena. Este estilo fue retomado posteriormente por autores diferentes como Thomas Mann, Unamuno y Sartre.

Uno de sus textos primeros, ya muestra un estilo diferente:

«Los mendigos profesionales alquilaban, en los barrios pobres, niños escuálidos para llamar la atención de los transeúntes y si el niño moría durante el día, seguían exhibiéndolo hasta la noche para no perder el precio del alquiler. Dievuschkin no podía comprender cómo los pequeños eran víctimas de esta situación tan habitual en la sociedad rusa. En este fragmento se evidencia este cotidiano escenario… “Y temblando todo él, llegase corriendo a mí y mostrándome el papel, con vocecilla que tiritaba, me dijo: “Una limosnita, señor”… No hay que ponderar el caso, que es claro y corriente. Pero ¿qué iba yo a darle? Pues no le di nada. Y sin embargo, me inspiraba tanta compasión».

— De Fedor Dostoievski, “Pobres Gentes”.

Un fragmento de “Los hermanos Karamazov” puede leerse en: http://www.ciudadseva.com/textos/novela/graninqu.htm

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junio 20, 2011 Posted by | Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (76) por Roberto Brey

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Una visión de Dostoievski (2)

El eslavófilo germano, Josef Matl (1897-1974) en su artículo “Dostoievski y la crisis de nuestro tiempo”, señalaba en 1950:

“Dostoievski no es sólo el escritor más representativo de la Europa post-romántica del XIX, sino además pertenece a las figuras claves de la época contemporánea. Porque en sus personajes principales ha pintado y analizado minuciosamente los movimientos espirituales de los siglos XIX y XX: el intelectualismo racionalista, el irracionalismo, el nihilismo, el ateísmo, las nuevas religiones sociales -socialismo y liberalismo-, con todas las consecuencias anímico-morales que han producido sobre el espíritu del hombre.

Dostoievski ha superado, como ya señaló acertadamente el filósofo Alois Dempf, tanto al burgués Hegel como al proletario Fourier, para desembocar, como más adelante Nietzsche, en el individualismo solipsista. Sin embargo, ha dado un paso más, llegando a positivas soluciones de triunfo sobre el nihilismo. No piensa ya de forma racionalista, como Marx, Spencer, Comte y Tolstoi, ni de modo esteticista como Burckhardt y Nietzsche, sino profesa una ideología metafísico-religiosa, apocalíptica, con enteriza plenitud de una personalidad pensante, volitiva, sensible y también doliente.”

“Dostoievski es hijo de una época de transición”, dice más adelante, y al comentar sus principales obras señala:

“Mientras la novela primeriza de Dostoievski -Pobre gente- fue recibida por la crítica radical con el máximo entusiasmo (…) las novelas psicológicas siguientes no fueron comprendidas en su verdadero alcance y sí, en cambio, calificadas por el portavoz de la crítica de «estupidez neurasténica». Aunque es cierto que a Crimen y castigo se le dispensó excelente acogida (1866), las obras maduras escritas en Alemania —El idiota y Los endemoniados—, que representan la ruptura con los nihilistas (es decir, con los liberales), fueron violentamente rechazadas por la crítica que se llamaba «progresista».

Ya en este hecho podemos advertir el error de Belinski y de toda la crítica liberal del 60 (1860), que admiraba en Dostoievski solamente al moralizador social, sin conocer en él al representante de lo específicamente anímico-espiritual. No vieron lo absolutamente nuevo en él: su psicoanálisis, su penetración en los problemas, su examen perspicaz de todas las facetas, incluso las irracionales, de la existencia humana. No percibieron siquiera el tema fundamental de Dostoievski, que empezó a madurar en él durante el último período de su estancia en Alemania y que cristalizó definitivamente en su época de creación más fecunda en Rusia, donde adquirió su forma final: la inquietud espiritual, la lucha del hombre contra Dios y por Dios, el tema, a fin de cuentas, del ateísmo y de la fe.

Precisamente por estos temas, igual que por su estilo peculiar de la tragedia novelística polifónica, Dostoievski se destaca, como un solitario, entre el grupo de los grandes realistas rusos de su época (Turgueniev, Tolstoi), así como entre el de los grandes realistas europeos (Balzac, Flaubert, Goncourt, Dickens, etc.). André Gide, que ha estudiado mucho y muy a fondo a Dostoievski, observó lo que sigue: Mientras la novela occidental europea trata de las relaciones sentimentales e intelectuales entre hombre y hombre, Dostoievski trata de las relaciones del individuo hacia sí mismo, o sea de su relación con Dios.

Aunque Dostoievski gozaba hacia el año 70 de tanta estimación en Rusia, por su actividad literaria, que se le llamaba «la conciencia de Rusia», como después a León Tolstoi, los epígonos del 80 (Korolenko, Uspenski, Chejov) no siguen a Dostoievski, sino a Turgueniev y a Tolstoi.”

(Continuará)

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junio 14, 2011 Posted by | Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (75) por Roberto Brey

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Fedor Mijailovich Dostoievski (1821-1881)

Considerado uno de los novelistas más importantes de la literatura universal, su obra narrativa tuvo profunda influencia en diversos ámbitos de la cultura moderna. Nacido en Moscú el 11 de noviembre, a los diecisiete años, su padre, (un modesto médico retirado del ejército, que logró un tardío título nobiliario y una despótica conducta que, según se afirmó años después, le valió la muerte) le envió a la Academia Militar de San Petersburgo. Pero los estudios técnicos le aburrían y, al graduarse, decidió dedicarse a la literatura. Su primera novela, Pobres gentes (1846), la desgraciada historia de amor de un humilde funcionario estatal, recibió buenas críticas por su tratamiento de los pobres, víctimas de sus terribles circunstancias, para muchos con gran influencia de su admirado de entonces, el francés Honorato de Balzac (ver capítulo 10). El libro era bastante novedoso, pues añadía la dimensión psicológica a la puramente narrativa, en su análisis de los conflictos del protagonista observándolos desde su propio interior y no desde una perspectiva alejada, como era costumbre.

En su siguiente novela, El doble (1846), y en otros relatos que escribió durante los siguientes tres años, continuó explorando las humillaciones y el consecuente comportamiento de los desheredados.

En 1849, Dostoievski, por haberse unido a un grupo de jóvenes intelectuales que leían y debatían las teorías de escritores socialistas franceses, por aquel entonces prohibidos en la Rusia zarista, fue detenido, enviado a la prisión y condenado a muerte. Después de un simulacro de fusilamiento se le conmutó la pena por cuatro años de trabajos forzosos en Siberia, y obligado a servir, posteriormente, como soldado raso.

Los sufrimientos de esa época se materializaron en una epilepsia, que sufriría durante el resto de su vida. Más tarde, en Memorias de la casa muerta (1862), publicada en Vremya (Tiempo), la revista que él mismo fundó en 1861, Dostoievski describió con todo detalle el sadismo, las condiciones infrahumanas y la falta total de privacidad entre los presos. Allí fue cuando se produjo su cambio espiritual e ideológico.

Tal vez sus lecturas religiosas infantiles, sumado a su única lectura de la Biblia durante su prisión, y ante las duras condiciones de vida, lo llevaron a abrazar la religión y a elaborar una obra basada en esas creencias, pero también en las complejidades del alma humana.

Cumplida la primera parte de su condena, en 1854 fue enviado a una guarnición militar en Mongolia, donde transcurrió los siguientes cinco años, y se casó con una viuda aquejada de tuberculosis. Al regresar a San Petersburgo, Dostoievski retomó su carrera literaria y lanzó la publicación mencionada antes (Tiempo). Allí publicó, en capítulos, Memorias de la casa muerta, al igual que Humillados y ofendidos (1861), un melodrama de tratamiento compasivo hacia los desheredados, donde presenta por primera vez el tema de la redención y del logro de la felicidad a través del sufrimiento. Su primer y ansiado viaje al extranjero quedó reflejado en Notas de invierno sobre impresiones de verano (1863), ensayo en el que describe la monotonía de la cultura de la Europa occidental. Censurada aquella publicación, en 1864 crea Época (Epoja) otra revista de corta vida. En ella se publicó el comienzo de la única novela filosófica de Dostoievski, Memorias del subsuelo (1864). Un monólogo en el que el narrador, contrario al materialismo y al conformismo, se convierte en el “primer antihéroe enajenado de la historia de la literatura moderna”.

La muerte de su mujer, en 1864, y la de su hermano, lo dejó en la ruina, aquejado por deudas heredadas, y comprometido en préstamos que no podrá pagar y que marcarán su vida. Por esa época escribe, en menos de un mes, El jugador (1866), basada en su propia adicción por la ruleta y obligado por un contrato. Poco después se casaría con Anna Snitkina, quien había sido la mecanógrafa de su novela. Escapando de sus acreedores, en el extranjero concluyó Crimen y castigo (1866), que había comenzado antes que El jugador y Los endemoniados (1871-1872).

Cuando regresó a Rusia, en 1873, había obtenido ya el reconocimiento internacional. Su última novela, Los hermanos Karamazov (1880), la completó poco antes de su muerte, ocurrida el 9 de febrero de 1881 en San Petersburgo. Sobre estas cuatro últimas novelas, en las que Dostoievski traslada a sus narraciones los problemas morales y políticos que le preocupan, descansa el reconocimiento universal.

En Crimen y castigo, probablemente su mejor novela, un estudiante pobre, Raskolnikov, asesina y roba a una vieja avara a la que considera un parásito, con el fin de destruir esa vida que le parece miserable y salvar la de sus familiares, sumidos en la indigencia. Finalmente, atormentado por la culpa, termina por confesar y por redimirse espiritualmente. El tema principal de esta novela es un análisis sobre si un ser, por más extraordinario que fuera, tiene derecho a quebrantar el orden moral. En cambio, el protagonista de otra de sus novelas, El idiota, es un personaje mesiánico, concebido por el autor como el paradigma del hombre bueno. El príncipe Mishkin irradia sinceridad, compasión y humildad, y se convierte en un defensor público de estas virtudes, pero es derrotado finalmente por sus propios odios y deseos. Los endemoniados es una novela sobre un grupo de conspiradores revolucionarios que usan tácticas terroristas para conquistar sus metas. El protagonista, Stavrogin, es un personaje demoníaco y autodestructivo, con una ilimitada inclinación hacia la crueldad. Los hermanos Karamazov, considerada como una de las grandes obras maestras de la literatura universal, constituye la expresión artística más poderosa de la habilidad de Dostoievski para traducir a palabras sus análisis psicológicos y sus puntos de vista filosóficos. Claro que esta variante final en su obra, si bien le valió a Dostoievski el reconocimiento literario, también le significó el repudio de muchos de sus contemporáneos que luchaban entonces por una revolución que sacudiera el yugo del zarismo que asolaba a Rusia. Pero pesaron más sus atributos literarios y, pese a ciertos olvidos, particularmente años después durante el régimen estalinista en su país, tuvo el reconocimiento merecido, como el continuador del naturalismo de Emilio Zola en Francia, y el que avanzó en la novela realista de la literatura rusa, con el agregado del desarrollo psicológico de los personajes, que revela las tribulaciones filosóficas, ideológicas, casi alucinadas, del autor. También hay que considerar que esa falta de participación en la vida social y en los problemas concretos que planteaba la realidad, permitieron el crecimiento de Tolstoi en la consideración política y social de la Rusia de entonces.

La novela “El jugador” puede leerse en: http://www.ciudadseva.com/textos/novela/jugador.htm

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junio 7, 2011 Posted by | Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario