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El cuento: origen y desarrollo (138) por Roberto Brey

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Cultura y sociedad del Japón

 
(continuación)
 
También en el período Heian aparece el llamado Nihonkoku gempō zenaku reiiki (resumido a Nihon Reiiki o Nihon Ryōiki, Relación de hechos extraños y milagrosos de Japón) fue recopilado en el año 822 (por el monje bonzo Kyōkai del templo Yakushiji). Fue el primer libro, entre un sinnúmero de publicaciones anónimas de similares características, que es firmado por su autor. Se compone de cien cuentos populares que desarrollan distintos temas y que siempre acaban con una moraleja. En el prólogo el autor advierte sobre el objetivo de la obra:
Sin demostrar los estados del bien y del mal, ¿cómo se podrían corregir las equivocaciones y determinar lo correcto y lo incorrecto? Sin mostrar los resultados de la causa y el efecto, ¿cuál sería el motivo para deshacerse de la maldad y cumplir con el camino de la bondad?
Para algunos, se trata de  la más antigua colección japonesa del “budismo setsuwa” (una especie de miscelánea de anécdotas). Cada volumen comienza con un prólogo, y el volumen final contiene un epílogo. Hay un total de 116 cuentos que se ocupan de todos los elementos budistas, pero todos los trabajos están incompletos y debieron ser reconstruidos para una lectura actual.
El Nihon Ryōiki permitiría luego desarrollar en Japón una especie de “literatura de leyendas”, en la que el autor expresa la naturaleza de la humanidad, y se continúa con los Nihon kanryōroku (Anécdotas japonesas de sucesos maravillosos), en el mismo siglo. En los siguientes siglos continúa desarrollándose esa literatura que se basa en cierta concepción mágica y misteriosa de la realidad.
A partir de allí, la popularidad del Nihon Ryōiki irá en aumento, tomando diversas formas, hasta llegar a nuestros días.
La magnitud y la importancia de la tradición cuentística oral, se revela también en que a partir del desarrollo de la escritura no cesa el trabajo de recopilación. Se considera que fue por el denominado período Heian cuando se reunieron las más de mil historias de China, la India y Japón, en Konjaku Monogatarishū (Antología de Cuentos del Pasado).

Hoy se conocen 28 volúmenes de un total de 31 que habrían completado la colección. Diez de ellos están dedicados a relatos de la India y de China y el resto de Japón. La temática tiene que ver con el budismo, tanto en su desarrollo, transmisión y enseñanza como en la idea de la retribución kármica, el concepto de la ligazón entre las acciones pasadas, presentes y futuras y las consecuencias de ellas. También hay cuentos de carácter folclórico, que describen los encuentros entre humanos y personajes y hechos sobrenaturales. Los personajes típicos representan miembros de la nobleza, guerreros, monjes, escolares, doctores, granjeros, pescadores, mercantes, prostitutas, bandidos y mendigos de la sociedad japonesa, y los ogros y demonios que se les oponen.

Se cree que fueron compuestos entre los siglos XI y XII, aunque al quedar abandonados en un templo budista recién vieron la luz en el siglo XVIII. Con una importante cantidad de descripciones de la vida de la nobleza y del pueblo en el Japón de aquel tiempo, muchos de los relatos aparecen en otras colecciones, como las historias de espectros, que conforman una tradición que ha pasado de una generación a otra. Hasta los escritores contemporáneos adaptaron algunos de sus cuentos, como el más conocido, “En una arboleda”, de Akutagawa Ryūnosuke (conocido en el mundo a partir del film de Akira Kurosawa, “Rashōmon”). Allí Akutagawa, pone en boca de Rashomon una frase textual del Konjaku Monogatarishū: al decir que sintió como si “los cabellos de su cabeza y cuerpo hubiesen endurecido”, para significar que estaba asustado.

Cuentos anónimos japoneses pueden leerse en:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/otras/anon/oriente/
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octubre 8, 2012 Posted by | Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

No mires abajo

William Sansom (1912-1976) es otro de los ingleses olvidados por estas tierras, pero reconocido como uno de los mejores cuentistas de posguerra.  Su experiencia como bombero voluntario en Londres durante la segunda guerra mundial se nota en muchos de los cuentos y crónicas que habitan sus libros, y que en No mires abajo se aprecian en toda su magnitud en los cuentos Los testigos y La pared, que parecen remitir con precisión quirúrgica a esas vivencias.

Ya su primer relato de este volumen, La escalera vertical, nos sumerge en la angustia de un adolescente sometido a una prueba en donde le va la vida, entre la indiferencia de su pares. Y los peligros y dilemas con que Sansom enfrenta a sus personajes, son verdaderas muestras de su talento para crear climas, para imaginar mundos diferentes y para dar lecciones de cómo trasportar al lector hasta el infinito imaginario.

Es como para lamentar ese desconocimiento obligado al que las editoras mantenían a los fanáticos de los cuentos que leen en castellano, ante un escritor que no se puede dejar de lado. Por suerte, la iniciativa de La Bestia Equilátera empieza a romper esa carencia.

Niza y Roma son testigos de amores intensos, aunque peligrosos por diferentes motivos: la fatalidad en Tutti Frutti, el mito de la mujer ¿vampiro, araña? en la Roma donde habita Una mujer poco frecuente. Y no menos imprevisible y lógico al mismo tiempo ese émulo de aquel famoso Destripador inglés, que sólo necesita un particular amor, en Tentaciones varias.

Una monja esperando ser emparedada, un general y una muerte misteriosa, una kafkiana pesadilla dentro de una cárcel con sádicos y pacientes custodios, un desencuentro posible en la vida común de todos los días, son otros de los temas y los avatares  que sorprenden al lector de la formas más inesperadas.

En este puñado de cuentos se puede variar de tema, de formato, de persona y de relator, pero el lector no puede quedar indiferente sin vivir indefectiblemente en los climas y las peripecias que propone el autor, con esa mirada en el detalle, en la exploración minuciosa de lo que vive y siente cada personaje.

William Sansom  es otro de esos escritores imposible de soslayar y que, entre los innumerables relatos, novelas y crónicas que escribiría y que no están traducidos, se encuentra una biografía de Marcel Proust y hasta una autobiografía, escrita al final de su vida. Escribió para el cine, el teatro y la televisión y mereció el reconocimiento de sus colegas, además, por supuesto, de sus lectores.

R.B.

No mires abajo
Por William Sansom
La Bestia Equilátera
Trad.: Teresa Arijón
169 pág. – $ 75

septiembre 28, 2012 Posted by | Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

“Al borde del desbarrancamiento”

Cuentos, cuentos, son tantos los cuentos escritos y tantos los escritores de ellos, que a veces se pierden en la memoria. Pero quien lea estos cuentos de Fabio Morabito, publicados bajo el título de La vida ordenada, difícilmente podrá olvidarlos. Es más, seguramente buscará otros de este escritor nacido en Alejandría en 1955, que vivió de chico en Milán y que a los quince años, hablando en italiano, se estableció en México. Poesía, ensayos, cuentos, una novela y hasta un libro para niños, son algunos de los textos publicados por Morabito y traducidos a varios idiomas.

Este año Eterna cadencia (que ya había publicado los libros de relatos La lenta furia y Grieta de fatiga) dio a conocer La vida ordenada, que reúne seis relatos. Situaciones que parecen normales, cotidianas, pero que pueden esconder misterios o situaciones inquietantes. Como señala el título, “al borde del desbarrancamiento”, que es la expresión que uso el escritor, que visitó la Argentina en estos días, para referirse a ellos. Es que estos cuentos remiten en parte a algunos de Los cuentos siniestros, del japonés Kobo Abe, publicados recientemente por la misma editorial. Pequeños detalles que reviven situaciones olvidadas, sucesos que rozan misterios que tal vez sólo están en la mente de los personajes, perturbados por sus propias vidas, por las vicisitudes que los envuelven.

Si una visita de pasada a la casa de los tíos permite descubrir un insólito “arreglo”, que deriva en otras situaciones no menos extrañas, en otro cuento el posible alquiler de un departamento puede derivar en una fiesta orgiástica (La renta) que linda con la realidad y el sueño, mientras los personajes parecen llevados de un lado a otro, como testigos de lo que les está pasando, sin poder articular por propia voluntad una actitud diferente. En realidad todos los protagonistas parecen deambular sin sentido aparente, buscando en su interior, en sus recuerdos, algo que los abruma o los conmueve, mientras los hechos se suceden, ajenos casi, pero marcando un nuevo camino, una nueva trama que, de alguna manera, incidirá en sus vidas, aunque nadie sepa bien cómo.

Una sorpresa tras otra, producto de una creatividad y una imaginación desbordante, provocan en el lector el ansia de saber más sobre estas personas y los hechos que les ocurren, pero sabiendo que son momentos de sus vidas, que sólo pueden resaltar así porque existe una mano magistral que los dirige y los enfoca en un camino de nostalgia y poesía que puede conmover hasta lo más hondo y a punto acaso de salirse de la historia y empezar un camino diferente.

Indudablemente, son cuentos para leer, releer y pasar buenos momentos a su lado, como ocurre siempre que se puede tener en las manos cuentos bien escritos y que conformen las mejores expectativas.

R.B.

La vida ordenada
Fabio Morabito
Editorial Eterna cadencia
160 pág. $77.-

septiembre 25, 2012 Posted by | Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (137) por Roberto Brey

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Sobre la Historia de Genji

 
Existen diversos estudios que tratan sobre la Historia de Genji. En uno de ellos, el especialista Manuel Tabares compara la similitud de la herencia de la literatura China para Japón, con la influencia de la grecolatina para occidente. Al margen del natural encanto del exotismo, destaca la calidad y la riqueza de la obra, y “el fuerte impacto que produjo descubrir que a comienzos del siglo XI la literatura japonesa  podría producir una obra de técnica narrativa tan refinada, de una visión psicológica tan aguda y de esa tonalidad tan extraña que sentimos, a la vez, como remota y próxima, como distante en el tiempo y también modernísima”.
 
Este es uno de los primeros libros escritos, que deriva de aquellos que recogen los poemas y los relatos populares, fundamentalmente de los cuentos fantásticos, y que contrastan con el realismo que se impone en otras partes de la obra.
Es interesante el papel que jugó la señora Murasaki, su autora, en el desarrollo de la literatura de su país y que, por suerte pudo dejar parte de su personalidad en un diario íntimo que, de alguna manera complementó su obra literaria. “…no hay ningún hombre que mire por mi futuro”, decía en él al poco de enviudar, aunque es sabido que pertenecía a una familia poderosa, única posibilidad para que se le permitiera desarrollar su afición.
Pero continuaba: “No quiero sepultarme a mí misma en la melancolía. ¿Será por mi espíritu mundano que me siento sola? En las  noches de luna, en otoño, cuando me siento desesperadamente triste, voy a menudo hasta el balcón y contemplo la luna soñadoramente. Me hace pensar en los días que pasaron”.
 
Observar, leer y escribir fue su destino, tal vez vista con desprecio por las otras damas de la corte; relata que cuando les leía libros en chino a sus doncellas, estas se lo reprochaban porque “acortaba su vida”, decían, en la antigua creencia de que hacer cosas prohibidas acortaba la vida.
Pero también contaba: “Cuando estoy entre señoras de la corte tampoco digo lo que quisiera decir porque es inútil hablar con aquellos que no nos entienden y fastidioso hablar con aquellos que critican con un aire de superioridad”.
 
Seguramente ese distanciamiento, esa comprensión de la sociedad en que vivía y sus dotes de observadora, fueron las que le permitieron escribir esa obra fundamental de la literatura japonesa y además pensar sobre su trabajo como si viviera varios siglos más tarde. Uno de los protagonistas de su Historia (ella misma a través del príncipe Genji) explica:

“Tengo una teoría propia acerca de lo que es este arte de la novela y cómo nació. Primero no consiste sencillamente en que el autor haga una narración de las aventuras de otra persona. Por el contrario, la novela surge porque la propia experiencia del narrador acerca de los hombres y cosas, ya sea en bien o en mal  -y  no solamente lo que él mismo ha pasado, sino también los hechos  que no hizo más que presenciar o que le fueron contados-, le produjo una emoción tan arrebatadora, que no podría tenerla encerrada más tiempo en su corazón. Muchas veces algo de su propia vida o de lo que lo rodea le parece al escritor tan importante, que no puede soportar que quede en el olvido. Jamás deberá llegar el día -piensa- que los hombres no sepan esto. Esa es mi idea de cómo surgió este arte.Evidentemente, pues, el describir sólo lo que es bueno y bello no es lo que concierne al arte del narrador. Por supuesto que a veces su tema será la virtud y entonces podrá jugar con él como le parezca. Pero justamente no es lo menos probable que le hayan impresionado numerosos casos de vicio e insensatez del mundo que le rodea, y con respecto a ellos tiene exactamente los mismos sentimientos que con respecto a las acciones superlativamente buenas con que tropieza: son importantes y hay que guardarlas en las trojes. Así, todo, sea lo que fuere y cuanto suceda en esta vida terrenal y no en algún país de hadas que escapa a nuestro alcance (…)”

“(…) Historias comunes son sólo meros registros de eventos, y generalmente son tratados de una sola forma. No dan una visión interior del verdadero estado de la sociedad. Esta, sin embargo, es la verdadera esfera en la que principalmente moran las novelas. Las novelas, son ciertamente ficciones, pero no siempre representan puras invenciones; siendo estas sus únicas peculiaridades, que en ellas los escritores frecuentemente desarrollan, entre numerosos personajes reales, el mejor, cuando desean representar el bien, y el más extraño, cuando desean entretener. (…)”

El experto japonólogo Donald Keene (1922-), compara la Historia de Genji con En busca del tiempo perdido de Marcel Proust: “Hay entre estas dos obras sorprendentes analogías de técnica, tales como, por ejemplo, mencionar casualmente personas u sucedidos y sólo más tarde desarrollar de una manera sinfónica toda su significación”.
 
También se refiere a los temas comunes:
“El asunto de ambas novelas es el esplendor y decadencia de una sociedad aristocrática y en ambas los varones se distinguen menos como cazadores y pescadores que por sus insuperables habilidades musicales, su gusto impecable y su conversación brillante. Eran sociedades snobs sumamente sensibles al linaje y al rango (…)”
 
Octavio Paz, por su parte (el escritor mexicano es otro de los estudiosos del Japón y de su literatura), asegura que lo que asemeja a ambas obras es “la conciencia del tiempo”…
 

“Es tan aguda en Murasaki que de golpe todo se vuelve irreal. Inclinado sobre sí mismo, en un momento de soledad o al lado de su amante, Genji ve al mundo como una fantasmal sucesión de apariencias. Todo es imagen cambiante, aire, nada. “El sonido de las campanas del templo de Heion proclama la fugacidad de todas las cosas”. Simultáneamente, la conciencia de la irrealidad del mundo y de nosotros mismos nos lleva a darnos cuenta de que también el tiempo es irreal. Nada existe, excepto esa instantánea conciencia de que todo, sin excluir a nuestra conciencia, es inexistente. Y así, por medio de una paradoja, se recobra de un golpe la existencia, ya no como acción, deseo, goce o sufrimiento, sino como conciencia de la irrealidad de todo. Para Proust sólo es real el tiempo; apresarlo, resucitarlo por obra de la memoria creadora, es aprehender la realidad. Este tiempo ya no es la mera sucesión cuantitativa, el pasar de los minutos, sino el instante que no transcurre. No es el tiempo cronométrico sino la conciencia de la duración. Para Murasaki, como para todos los budistas, el tiempo es una ilusión y la conciencia del tiempo, y la de la muerte misma, meras imágenes en nuestra conciencia; apenas tenemos conciencia de nosotros mismos y de nuestra nadería, sin excluir la de nuestra conciencia, nos libramos de la pesadilla de la ilusión y penetramos al reino en donde ya no hay tiempo ni conciencia, ni muerte ni vida. La única realidad es la irrealidad de nuestros pensamientos y sentimientos.”

 
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septiembre 22, 2012 Posted by | Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

El lenguaje de los ángeles y de los hombres

Quienes tuvieron el valor de seguir nuestra recomendación de hace un tiempo y leer La misma sangre y otros cuentos, del escritor norteamericano William Goyen (1915-1983), seguramente no se habrán sentido defraudados. Señalado como “uno de los mejores cuentistas norteamericanos de todos los tiempos” por The New York Times, por esta vez no le han mentido.
 
Por eso seguramente La Compañía, esa editorial que decimos que se especializa en rescatar obras valiosas pero escondidas –para nosotros- de escritores reconocidos, ofrece ahora otro regalo; una colección de cuentos bajo el título de Ángeles y hombres del mismo autor, que supo contar las historias del Sur de los Estados Unidos, tan bien como los más prestigios integrantes del llamado “gótico sureño”.
 
El hombre que desde su primera novela fue repudiado hasta por su familia por descubrir los horrores del KKK y una forma de vida casi primitiva y profundamente cruel, no puede dejar de contar sus vivencias dentro de la “naturaleza hostil, el conflicto racial, el puritanismo hipócrita, las conveniencias sociales y una violencia escondida, pero siempre presente…”, entre las que trascurre la vida.
 
Esta vez, los cuentos parecen más líricos, más extraños, pero siguen sentido tan conmovedores y tan sugerentes como antes con sus misterios por resolver, más allá del relato, con sus historias que sobrepasan el realismo, pero con una fuerza que obliga a conmoverse profundamente a quien las lee. Esta vez los mundos son más cambiantes, con imposibles retornos adultos a días de infancia, con el reconocimiento del amor por esa tierra amarga, que carga con las amarguras de su gente.
 
El embrujo y el misterio que Goyen intenta descubrir en sus personajes, en estos relatos imposibles de abandonar, atrapan como en la telaraña construida con todo el fervor del que teje sus historias con paciencia, y con el conocimiento necesario para que los oídos y los ojos no puedan apartarse de esa voz que remite  los relatos alrededor del fuego.
 
Imposible dejar pasar la experiencia de vivir esas historias únicas de Goyen, a los que se suma el posfacio de Marcelo Figueras, un regalo que acostumbra brindar La Compañía, para que los lectores puedan, además de vivir sus propias emociones, comprender mejor de dónde surge esa imaginación inacabable.
 
R.B.
 
Ángeles y hombres
William Goyen
Editorial La Compañía
170 pág. $65.

agosto 21, 2012 Posted by | Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (125) por Roberto Brey

125

 
Literatura árabe (continuación)
 
Cuentos
 
Según González Palencia, en su Historia de la Literatura Arábigo-Española, existen infinidad de cuentos medievales sacados de Las Mil y una noches, como “Clemades y Claramunda”; “Historia del mancebo que vivía en Córdoba”; “El lazo, el pájaro y el cazador”; “El alcazar de oro”; “La ciudad de latón”, etc. Todo ello probaría que la colección circulaba en España mucho antes de la traducción de Galland (ver Cap. 123).
 
Incluso varios autores señalan que son muchos los cuentos de Las Noches que se ven reflejados en la literatura española, como el de los amantes que mueren de dolor, como “Los amantes de Teruel”, o el mismo Cervantes que utiliza uno de ellos en su obra “El viejo celoso”, o “El retablo de las maravillas” repetido por Don Juan Manuel. O la leyenda que inspiró a Zorrilla en sus “Recuerdos de Valladolid”, sacada del cuento “La justicia de Dios”; y varios que se encuentran en “El Decamerón”.
 
Las 1000 y una noches, dice Gómez Renau,  es “erótica, estética, descriptiva, retórica y mágica que contiene cuentos picarescos y descocados, llenos de un sentimentalismo remilgado, y una obscenidad cruda (…) en ella están retratados, con gran realismo la picardía y la malicia humanas, porque la realidad de Las Noches es cruel: califas que deciden crucificar a sus visires por cosas nimias, cortar las manos a los ladrones y después cauterizarles el muñón con agua hirviendo; se castra a los eunucos por doquier, se rebanan orejas, a las mujeres se las azota, son pateadas, degolladas, narcotizadas, raptadas, esclavizadas. Pero al lado de todo eso aparecen historias de gran amor, donde se recogen todas las clases de amor a través de la cultura árabe.
Hay en esta obra panes machistas pero también feministas, ya que la heroína de las Noches es una mujer elocuente e intrépida, aunque en un mundo misógino y sexista y que según Vernet se debe a la cultura de Indochina donde era una sociedad fuertemente matriarcal.
A través de todos los cuentos podemos percibir toda la cultura de Oriente: relatos de caballería, cuentos ejemplares y didácticos, fragmentos esotéricos y místicos, es decir todo lo que encierra la literatura de adab del mundo árabe.
Concluyendo, la sola mención de esta obra nos evoca un mundo de magia y fantasía y ese aspecto si se lo debemos a Galland que aunque no fue muy fidedigno en su traducción, resaltó los aspectos más fabulosos de la obra.”
 
La influencia de los cuentos orientales no se acaba en el siglo XIII y XIV ya que más adelante aún se encontran vestigios en escritores españoles, como el que aparece en uno de los cuentos más populares de la literatura española: De lo que conlescio a un omne que por pobreza et mengua de otra vianda comia altíamuzes” de D. Juan Manuel y que posteriormente utilizó Calderón en su obra La Vida es Sueño. Se buscaron las fuentes de este cuento en la literatura clásica y medieval pero no se tuvo éxito hasta que –informan los investigadores- el insigne arabista Femando de la Granja encuentra su calco literal en una historia arábigo-española del siglo X: Al Mugrib ji2 hillá /-magrib del autor árabe Ibn Sa’1d Ibn Sa’1d. Es tema de un episodio autobiográfico de ‘Abd al Rahmán al Qanázi’T inserto en una obra perdida de Ibn Ba~kuwal y recogido por Ibn Sa’td en la obra autobiografica antes citada.
 
La traducción del cuento es la siguiente: “Dijo (Al Qanázil): Estando en Egipto presencié la fiesta con las gentes que se marcharon a comer lo que tenía preparado, mientras yo me dirigía al Nilo. No tenía otra cosa para romper el ayuno que unos pocos altramuces que me habían sobrado en un pañuelo.
Descendí a la orilla y me puse a comerlos y a arrojar las cáscaras a mis pies, diciendo para mis adentros ¿habrá en Egipto, en esta festividad alguien en peor situación que yo? Pero apenas levanté la cabeza vi ante mí a un hombre que recogía las cáscaras de los altramuces que yo tiraba. Comprendí que aquello era un aviso de Dios -honrado y ensalzado sea- y le di las gracias.

¿De dónde pudo haber leido D. Juan Manuel este cuento?, pues aunque parece ser que sabía algo de árabe es improbable que conociera bien el clásico.
Bien pudo habérselo traducido un moro bilingüe, o pudo pasar en latín o romance a algún libro que no ha llegado a nosotros. Sabemos que muchas obras de la literatura árabe fueron destruidas, pero las historias corrían de boca en boca, y eran relatadas oralmente por algún juglar.
 
Pero donde el cuento alcanza su máxima consideración y difusión es con Calderón de la Barca:
 
“Cuentan de un sabio que un día
tan pobre y mísero estaba
que sólo se sustentaba
de las hierbas que cogía
¿Habrá otro (entre sí decía)
más pobre y triste que yo?
y cuando el rostro volvió
halló la respuesta, viendo
que otro sabio iba cogiendo
las hierbas que el arrojó”.

Esta versión de Calderón es más aproximada a la del cuento árabe que la de D.Juan Manuel. En la obra de este último el protagonista es un rico venido a menos y en la de Calderón, al igual que en la de Al Qanazi’T, es un sabio. Don Juan Manuel conserva los altramuces y en cambio en Calderón, son hierbas, lo que podría ser, según E. de la Granja, porque la palabra altramuces era muy larga para encajar en un octosílabo.
 
 
Las 1000 y una noche se puede leer en: http://es.wikisource.org/wiki/Las_mil_y_una_noches:%C3%8Dndice

 
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junio 23, 2012 Posted by | Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (124) por Roberto Brey

124

 

Literatura árabe

(continuación)

 
Adab y Maqama 
 
La palabra árabe usada hoy para literatura es adab, que deriva de una palabra que implica matices de cortesía, cultura y enriquecimiento personal. Es considerada entonces una ciencia profana basada en la poesía, oratoria, tradición histórica, retórica, gramática, lexicografía, métrica, etc.; en realidad es la suma de conocimientos que hacen al hombre educado.
 
Para Mar Gómez Renau el adab comprendía una serie de obras  “que se llamaron ‘collares’ y culminaron, como forma suprema en las ‘makamas’ que (en los siglos IX y X) tuvieron gran influencia en los escritos de prosa andaluces”.
El término en sí fue evolucionando con el correr de los años, reflejando una literatura más elitista, para llegar a una cierta limitación de amenidad, hasta finalmente alcanzar el sentido de literatura en general utilizado en nuestros días.
 
Según el arabista español Juan Vernet Ginés, el género narrativo de las maqamas se caracteriza por el carácter divertido de los relatos, por la combinación de verso y prosa rimada, y por la abundancia de recursos estilísticos.

“Este género tuvo su origen en el ambiente provocado por la fragmentación del imperio abbasí a partir de mediados del S. IX. Los soberanos locales y las personas importantes procuraron imitar las tertulias científico-literarias de la corte y escucharon con agrado los chismes y anécdotas que sus huéspedes les contaban y que muchas veces estaban protagonizados por personas -de vida fácil- que, por esa época, estaban ya agrupadas, según sus especialidades, en verdaderas cofradías regidas por un jefe (gitdi) que tenía autoridad para zanjar las querellas surgidas entre sus subordinados. Entre estas cofradías descuellan las de los mendigos y los místicos, no mal vistos por la alta sociedad, que se reía de sus picardías, bufonadas e ingenio”. (cfr. la historia del tercer hermano del barbero en Las mil y una noches, noche 32). http://es.wikisource.org/wiki/Las_mil_y_una_noches:59

 
Un buen ejemplo es una maqama sobre el almizcle, que se propone comparar diferentes perfumes, pero que al final es una obra de sátira política en la que se compara a diferentes candidatos. La maqama hace uso también de la doctrina de badi, esto es, añadir deliberadamente complejidades para poder demostrar la habilidad del escritor con la lengua. Se trata de una forma muy popular de la literatura árabe que llegó a ser una de las pocas formas que continuaron siendo escritas durante el declive de lo árabe en el siglo XVII y XVIII.
Género literario propio de la literatura árabe desde la cual pasó a otras, como la persa, la hebraica y la siriaca. Consiste en una serie de narraciones breves, independientes unas de otras, que tienen un mismo protagonista.
 
Las historietas que de estos granujas se contaban fueron centralizadas, en cierto momento, en torno de una figura principal, generalmente un gorrón y pícaro a la vez, a la cual se atribuyeron toda una serie de chistes y anécdotas, tal y como ocurre hoy con los cuentos de Yehá en el folklore árabe, turco, italiano o los de Otto y Fritz en el español, etc. Estas historietas no tenían otro nexo que la figura del protagonista, y estar escritas en un árabe clásico impecable, en prosa rimada y con frecuentes incrustaciones en verso. Así nació la maqama (sesión, tertulia, descanso; esta última palabra se emplea en el Marcos de Obregón).
 
La maqama reúne en sí dos rasgos que aparecen en la prosa corriente: 1) donde el protagonista (beduino, vagabundo o anciano), se encuentra por azar con gentes pudientes, que se admiran con su elocuencia en prosa rimada (say’); y 2) la insistencia por parte del protagonista en predicar las buenas costumbres y la moral más estricta aunque él sea un sinvergüenza. Ese tema y con el mismo nombre es introducido en España por lbn `Abd Rabbihi (m. 940) y se encuentra en toda la literatura árabe.
Pero el primer testimonio escrito lo constituye la obra de al-Hamadáni (V), que tuvo un éxito extraordinario y fue objeto de innumerables imitaciones. Ibn Nágiyá (m. 1092) compuso una serie en torno a distintos narradores y pícaros; gramáticos, teólogos y místicos emplearon estos cuadros para enmarcar algunas de sus producciones. Así, el teólogo Algacel, el filólogo Zamajsari, el místico Suhrawardi, el polígrafo Ibn al Vawzi y muchos otros.
 
Sin embargo, siempre según Vernet, quien le dio su forma definitiva a la maqama y la vació de todo interés temático, sacrificándolo en aras de una lengua artificial, fue al-Hariri, un filólogo que encerró en su colección las palabras más raras y las construcciones más exóticas de que dispone la lengua árabe. Este nuevo estilo, en que la forma predomina sobre el fondo, tuvo muchísimos imitadores. Algunos de los continuadores de al-Hariri introdujeron nuevos desarrollos: en temas amorosos; en un diálogo o polémica entre flores u objetos simbolizando cualidades opuestas, etc.
 
Los últimos literatos que han utilizado la maqama son Násif al-Yáziyi (m. 1871), en cuya obra (La confluencia de los dos mares), 1856, saca a colación los inmensos conocimientos que tiene de la lengua árabe, y al-Muwaylihí (m. 1930), quien en 1907 pareció que iba a renovar el género revitalizándolo al prescindir de la obsesión estilística predominante desde la época de al-Haríri. Pero este resurgimiento fue fugaz, ya que las generaciones jóvenes, educadas en Occidente, se sentían cada vez más inclinadas a un género literario desconocido en su sentido moderno en el mundo árabe: la novela.

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junio 20, 2012 Posted by | Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (123) por Roberto Brey

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Literatura árabe (continuación)

 
Bagdag: centro literario
A finales del siglo IX, Ibn al-Nadim, un librero de Bagdad, compiló una obra crucial para el estudio de la literatura árabe: Kitab al-Fihrist, un catálogo de todos los libros a la venta en Bagdad. Esto, más allá del significado que haya tenido en su momento, visto hoy ofrece al estudioso un panorama imprescindible sobre el estado de la literatura en la época.
Durante el Califato Abbasí, se utilizó mucho la compilación. Hechos, ideas, historias instructivas y poemas, fueron objeto de colecciones que trataban sobre un tema en particular. Y como con la poesía, los temas iban desde los referidos a la casa, el jardín, o los animales, hasta las que trataban de las mujeres, los ciegos, la envidia, la avaricia y toda clase de inquietudes del momento. Las compilaciones escritas por al-Jahiz, reconocido maestro del género, fueron de gran importancia para todo nadim (palabra con que se designaba a todo buen conversador), una especie de  asistente de los  nobles, que tenía por misión acompañarlo con historias ilustrativas y variada información, útil tanto  para entretenerlos como para aconsejarles.
Es conocido que la literatura árabe abordó en forma frecuente el tema del sexo. El ghazal, o poema de amor, tiene una larga historia, en la que el sexo aparece tanto en su vertiente tierna y amorosa, como en otra, abiertamente explícito. En la tradición Sufi el poema de amor podía tener una importancia mayor, entrando en lo místico y religioso. Se escribieron también manuales de sexo, como es el caso de El jardín perfumado, Tawq al-hamamah de ibn Hazm (1535) y Nuzhat al-albab fi-ma la yujad fi kitab (Placer de los corazones que nunca se hallará en los libros) de Ahmad al-Tifashi. Entre estas obras, se encuentra también una como Rawdat al-muhibbin wa-nuzhat al-mushtaqin (El prado de los amantes y de la distracción de los encaprichados) de ibn Qayyim al-Jawziyyah, que advierte cómo separar el amor de la lujuria y evitar el pecado.
 
Las mil y una noches
Aquellas compilaciones iniciales del siglo IX, fueron puliéndose, perfeccionándose con el correr de los años, en especial en la escritura. Aquí hay que distinguir entre la lengua común (al-ammiyyah) y la lengua culta (al-fusha). Esta última utilizaba la escritura y mantenía aquellos objetivos ya mencionados sobre la mejora y educación de la persona, antes que el entretenimiento. Pero esto no restringió el papel del hakawati o contador de historias, que retendría las partes más ligeras de las obras serias o algunas de las muchas fábulas o cuentos populares árabes que normalmente no se ponían por escrito.
La culminación de esos procesos daría lugar a la literatura de ficción árabe, representada en Las mil y una noches, que no solo es la obra más conocida sino la que aún ejerce más influencia hasta hoy en la representación de la cultura árabe, para los que están fuera de ese mundo.
 
(El motivo central de la obra es la historia de un rey de Persia, que mataba a sus esposas tras la noche de bodas. La ingeniosa Sherazade consigue demorar su muerte durante mil y una noches, en el transcurso de las cuales le cuenta al soberano una infinidad de relatos y así salva, al final, su vida).
 
Aunque en un principio fue considerada en Occidente como árabe, la obra tiene un origen persa y las historias, por su parte, pueden tener sus raíces en la India. Unbuen ajemplo de las carencias en ficción de la prosa árabe es que las famosas historias de Aladino y Alí Babá, habitualmente conocidas como parte de Las mil y una noches, no lo fueron en realidad en origen. Se incluyeron por primera vez en la traducción francesa de la obra por Antoine Galland (1646-1715) quien las había oído contar por un cuentacuentos tradicional y que solo existían antes en manuscritos árabes incompletos. Simbad, por su parte, sí forma parte de la obra.
 
Es mucho lo que se dice de esta famosa obra: una es que todos hablan de ella pero que pocos la han leído. Por ejemplo, una leyenda del siglo XVIII señala que todo aquel que la leyera completa moriría. Tal vez tenga algo que ver que la obra completa se considera que consta de 3.000 páginas, escritas con letras pequeñas y apretadas.
Mar Gómez Renau, estudioso de la Universidad de Valladolid, explica que esta obra ‘es’ “y al mismo tiempo ‘no es’ árabe. Es árabe por la lengua, por el ambiente donde se desarrolla, pero no por su origen primitivo que es persa.”
 
Entre los distintos tipos de historias en estas colecciones se encuentran las fábulas de animales, los proverbios, las historias de jihad o propagación de la fe, cuentos humorísticos, cuentos morales, cuentos sobre el astuto estafador Ali Zaybaq y cuentos sobre el bromista Juha.
 
La Divina Comedia de Dante Alighieri, considerada la obra narrativa en verso más importante de la literatura italiana, contiene muchos rasgos y episodios sobre el futuro derivados de obras árabes sobre escatología islámica: el Hadith y el Kitab al-Miraj (traducido al latín en 1264, o poco después como Liber Scale Machometi, “The Book of Muhammad’s Ladder”) relativo a la ascensión de Mahoma al cielo, y los escritos espirituales de Ibn Arabi.
 
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junio 15, 2012 Posted by | Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (122) por Roberto Brey

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Literatura árabe

 
“La aparición del alfabeto árabe resulta característico de la historia de la escritura. En su origen se encuentra un pueblo de caravaneros nómadas que se desplazaban de oasis en oasis, de mercado en mercado, y que hablaban una lengua que no disponía de escritura: no existían, desde luego, condiciones favorecedoras para la aparición de una escritura, que suele surgir de forma general en medios urbanos. Cuando se veían obligados a escribir, los árabes utilizaban un alfabeto derivado del fenicio, el alfabeto nabateo, pero transcribiendo la lengua vehicular comercial de la época, el arameo. Y será este arameo transcrito en alfabeto nabateo, lo que poco a poco irá arabizándose para dar nacimiento al actual alfabeto árabe.”
 
Así explica el investigador Louis-Jean Calvet, el origen, allá por el siglo IV d.C., del alfabeto árabe que hoy se escribe.
Algunos estudiosos suelen diferenciar a los textos literarios escritos en lengua árabe, de la literatura persa y de la lengua urdu, que usan el alfabeto árabe pero no el idioma. El argumento es consistente  ya que sería lo mismo igualar la literatura portuguesa, con la francesa o la española, simplemente por utilizar el alfabeto occidental.
La literatura árabe surgió en el siglo VI (solo algunos fragmentos se conservan de épocas anteriores), y es El Corán, del siglo VII, la principal fuente literaria de la cultura árabe y de su literatura.
El período anterior a la escritura del Corán y al auge del Islam es conocido entre los musulmanes como Jahiliyyah, o periodo de la ignorancia, en referencia a lo religioso, pero tiene que ver con falta de literatura escrita durante dicha etapa, aunque no a la tradición oral, que fue considerable. Cuentos como el de Simbad (visto en el capítulo 118) y el de Antar bin Shaddad fueron conocidos primero en el medio oral y escritos más tarde.
 
El Corán surge de la predicación de Mahoma. Esta obra, cuyo  título significa “lectura”, “pregón” o “proclamación” es el texto sagrado de los musulmanes, en el que se incluyen, además de preceptos de la religión islámica, textos de doctrina jurídica, narraciones, homilías, parábolas e, incluso, comentarios acerca de cómo tiene que ser interpretado y leído el propio texto. Y es admirado tanto por sus metáforas como por su claridad.
Es considerada la primera obra importante y con gran influencia en la literatura árabe, y la lengua que utilizaba se transformó luego en el árabe clásico, y a aún con los cambios que fue sufriendo, sigue siendo un modelo lingüístico.
El Corán es la primera obra de gran aliento (114 suras o capítulos, que contienen un total de 6.236 ayat o versos), que utiliza la lengua árabe; pero también significa un adelanto estructural respecto de anteriores intentos de literatura árabe. Como la Biblia para otras lenguas, El Corán ocupa un lugar especial en la literatura árabe, es el origen de infinidad de citas e ideas, y su mensaje moralizante forma parte de innumerables obras.
Además de El Corán, otra fuente literaria importante es toda la tradición acerca de lo que Mahoma dijo o hizo. El corpus entero de estos hechos y palabras se denomina sunnah o camino, y aquellos que se consideraron como sahih o genuinos fueron compilados en el hadith.
Mahoma inspiró las primeras biografías que, al tiempo que cubrían la vida del profeta, contaban lo relativo a las batallas y acontecimientos del Islam primitivo y realizaban numerosas digresiones sobre antiguas tradiciones bíblicas.
 
La tradición cuenta que el califa Ali, tras leer un Corán con errores, instó a Abu al-aswad al-Du’ali a escribir una obra en la que se codificase la gramática del árabe. Khalil ibn Ahmad, más adelante, escribiría el primer diccionario de árabe, junto con obras sobre prosodia y música, y su pupilo Sibawayh produciría la obra más respetada de gramática árabe, conocida como al-Kitab o El Libro.
Los intentos por profundizar en la investigación de la religión islámica fueron de gran importancia en el estudio de muchos otros temas. El califa Hisham ibn Abd al-Malik (691-743), contribuyó al enriquecimiento de la literatura al hacer traducir distintas obras al árabe. La primera se cree que fue la correspondencia de Aristóteles con Alejandro el Grande. Se tradujeron las fábulas de animales del Iruente, traducciones que, como las de la antigua Grecia, circularían por el ámbito intelectual europeo durante la Edad Media. Estas obras serían introducidas de nuevo en Europa a partir de las versiones en árabe. Era la época del pleno auge del imperio Omaya, con centro en Damasco, y su dominio en Asia y en Europa, que duró hasta casi el siglo XVII.
 
Poesía
La mayor parte de la literatura árabe antigua está en forma de poesía, de prosa rimada o de una prosa rebozante de versos sueltos. Su temática incluye tanto himnos de alabanza, como discusiones particulares, ideas religiosas, y hasta poemas sobre sexo y alcohol. Una gran preocupación dentro de la literatura árabe (como de otras literaturas antiguas), era la de ser agradable al oído, teniendo en cuenta que la escritura tenía el objetivo de ser leída en voz alta, por ello se ponía un gran cuidado en buscar una sonoridad especial. Incluso la prosa rimada se menciona como ‘saj’, que significaba, originalmente, el ruido que hace una paloma.

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junio 8, 2012 Posted by | Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (121) por Roberto Brey

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África (continuación)
 
Una historia popular del folclore africano es la de un pequeño animal y los trucos que utiliza para enfrentarse a criaturas de mayor tamaño. Algunos de estos animales son Anansi, una araña del folclore de los Ashanti de Ghana; Àjàpá, una tortuga de los Yoruba de Nigeria; y Sungura, una liebre que aparece en el folclore de la zona este de África. En realidad, figuran todos los animales del monte, y estos son similares a los que aparecen en los relatos europeos que, según algunos especialistas, tienen su origen africano. En Cuba, los cuentos de Amadou Koumba de Birago Diop, pueden compararse con los de La Fontaine. Amadou Koumba fue un griot senegalés del pueblo wolof muy destacado y Birago Diop tuvo oportunidad de asistir durante su niñez a sus sesiones de cuentos y ya en Europa, los refiere y recrea en lengua francesa.
El antrópologo y pensador cubano Fernando Ortiz, en Los bailes y el teatro de los negros en el folklore de Cuba, Letras Cubanas, La Habana, 1981, p. 529, relata:
 
“Las fábulas de animales son muy numerosas e interesantes en África, tanto que es verosímil que este tipo de narraciones se haya originado entre los negros afroocidentales (…). Su primera aparición, dice Talbot, parece ser en la obras de Hesiodo, que probablemente estuvo en relación con Egipto. Frobenius y otros han observado que las clásicas fábulas de Esopo se parecen mucho a las de los negros africanos y hasta se ha dicho que Esopo, esclavo y feo, fue “de color”.
 
El sabio senegalés Cheikh Anta Diop (1923-1986) explica: “El género de la fábula, típicamente negro –o Kushita, como lo escribe Lenormand– que consiste en poner animales en escena, fue introducido en Grecia por el negro egipcio Esopo, inspirador de las fábulas de La Fontaine.”
Estas historias fueron realmente conocidas ya en la época de la colonia en África; y mucho de la forma de darla a conocer, contarla e interpretarla, tiene que ver con las ideas que impulsó la colonización europea.
El mismo Diop escribiría también: “… el nacimiento de la egiptología se caracterizó por la necesidad de destruir a toda costa y en todos los espíritus, de la forma más radical y completa, el recuerdo de un Egipto negro…”
Porque para Diop al continente africano hay que concebirlo en su integralidad, que deriva de un proceso de formación de miles de años atrás. Desde la aparición del hombre en el centro mismo del continente negro.
 
Para Jacint Creus, el Romanticismo europeo situó la literatura oral en “aquella idea de que cada nación tiene su propia cultura popular y la voluntad de recuperarla”. El desarrollo de esa idea coincidió con el ataque colonial al conjunto del continente africano.
 
“En el África subsahariana las recopilaciones etnográficas corrieron a cargo, esencialmente, de misioneros, de militares y de administradores coloniales, todos ellos imbuidos por las ideas al uso. La literatura oral africana, como tantas otras cosas, fue recopilada y estudiada desde parámetros exclusivamente europeos. «Mostrar cómo eran los africanos» era el objetivo inmediato de trabajos que siempre fueron pensados, además, para lectores europeos ávidos de exotismo; y ello implicaba, previamente, determinar también qué era lo que «valía la pena» ser mostrado, ser transcrito y publicado.
Y aquí, nuevamente, volvería a funcionar como un reloj el concepto de «autenticidad» otorgado a toda la literatura oral «digna de ser recopilada».
Sólo que, en esta ocasión, esa «cultura tradicional» que debía ser objeto de estudio no tenía como finalidad la «recuperación del pasado»: las sociedades africanas eran percibidas como no históricas; y, en la Gran Cadena ideada por el evolucionismo cultural, ocupaban «estadios anteriores» de «civilización»: la literatura oral, pues, podía ser recopilada «naturalmente» en aquellas sociedades «atrasadas», lo cual podría dar un poco más de luz a los «estadios anteriores» propios; y, en cualquier caso, ayudar a la tarea «civilizatoria» que justificaba el proceso de opresión.
 
 Jacint Creus, Departamento de Antropología Cultural e Historia de América y África, Universidad de Barcelona.
 

Literatura precolonial

Es poco lo que se conoce de la literatura precolonial, poco también ya en época de la colonia, y mucho menos en castellano. Algunos de los trabajos africanos más conocidos a partir del período de la colonización y del comercio del esclavo son, por ejemplo, el de Olaudah Equiano  (1745–1797), también conocido como Gustavus Vassa,  que escribe una autobiografía: La narrativa interesante de la vida de Olaudah Equiano (1789), donde relata su experiencia como esclavo y su vida posterior cuando puede comprar su libertad.
Ya en el período colonial, los africanos expuestos a los idiomas occidentales comenzaron a escribir en diferentes lenguas. En 1911, José Ephraim Casely-Hayford (también conocido como Ekra-Agiman) de Ghana, publica lo que para algunos es la primera novela africana escrita en inglés, Etiopía desatada: Estudios en la emancipación de la raza. Entre la ficción y el ensayo político, su publicación en la prensa occidental marca un antes y un después en literatura africana.
 
 
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