Semanarioprensalibre's Blog

Just another WordPress.com weblog

El Brasil de Bioy Casares

Es característico en Adolfo Bioy Casares ese estilo de escritura simple, donde todo parece transcurrir con absoluta ligereza, sin aparente trascendencia, pero del que es muy difícil escapar, por la intensidad con que atrapa al lector. A veces contando anécdotas inesperadas, pero siempre entregando percepciones delicadas sobre lo que lo rodea, y que parece obligar a sus lectores  a prestar infinita atención a sus agudas observaciones; siempre dispuesto a encontrar detalles que escapan a cualquier visión superficial.

Editorial La Compañía editó hace muy poco un diario de viaje, con el título de Unos días en el Brasil, donde relata su participación en un congreso de escritores del PEN Club en 1960, realizado en Brasil. Hubo una edición en 1991 de 300 ejemplares, que había pasado casi inadvertida porque no fueron vendidos, sino regalados por Bioy a sus amigos. O sea que esta es la primera oportunidad para el lector de a pie para adquirir un ejemplar; y con un agregado, las fotografías que se publican son las tomadas por el propio Bioy Casares en de Brasilia y que hasta esta edición no habían sido dadas a conocer.

Adolfo Bioy Casares (1914-1999) es autor de varias novelas y cuentos, algunos de ellos transformados en guiones de películas. De ellos se pueden recordar, por ejemplo: Dormir al Sol, Diario de la guerra del cerdo, La invención de Morel, El sueño de los héroes, algunas de sus novelas más famosas. La trama celeste y El lado de la sombra recogen varios de sus relatos. Pero no se quedó allí, junto a su mujer, Silvina Ocampo y su amigo Jorge Luis Borges realizó una imperdible Antología de la literatura fantástica. Escribió a cuatro manos con Borges innumerables relatos, además de su diario póstumo Borges (2006) y el Diccionario del argentino exquisito, una irónica forma de burlarse de los que pretenden agregar palabras difíciles a sus textos para mostrar sus conocimientos y su mediocridad.

En este diario Bioy recurre a la  evocación de Ophelia, una “chiquilina” brasileña conocida en un viaje a Francia en 1951, que recuerda enamorada de su prestancia de seductor y a la que espera encontrar casualmente en su viaje de casi una década después. Bioy escribe su diario mientras transcurren esos días, con la sombra de su amor brasileño, sin dedicarse demasiado a divagaciones literarias. Es una participación casi por compromiso, en un congreso en el que no hablará, ya que aclara que él es un “escritor por escrito”, donde las descripciones de los personajes con los que trata, los lugares a donde concurre a comer o las ciudades que vista, son atrapantes. Moravia, Roger Callois, Graham Greene, son algunos de los escritores con los que comparte momentos.

Y si algo le faltaba a este breve texto es un posfacio, como a los que nos tiene acostumbrado La Compañía, escrito por Michel Lafon, escritor, ensayista y editor de las novelas completas de Bioy Casares en Francia, entre otras obras que tradujo y editó.
Lafon se proclama admirador fanático de Bioy Casares desde los 18 años cuando empezó a leer su novelas, y relata sus encuentros con el escritor, su amistad, sus vínculos intelectuales, también en forma de diario, aunque más extenso en el tiempo, ya que va desde sus primeros encuentros en 1991, hasta momentos antes de su muerte. Su relación con otros amigos de Bioy, otros escritores, su hijo… En fin, un relato apropiado para los admiradores de Adolfo Bioy Casares, para los amantes de la buena escritura, un libro para tener en cuenta.

R.B.

Unos días en Brasil
Adolfo Bioy Casares
Editorial La Compañía
Posfacio de  Michel Lafon
82 pág. $58

octubre 9, 2012 Posted by | Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario

“Rebeldes y confabulados”: interpretaciones de lo político

El ensayo de Scavino se puede leer de diferentes maneras, y permite todas las interpretaciones posibles. Porque tiene una ventaja: en lugar de plantear una teoría definitiva, abre un abanico de interpretaciones, a partir de los discursos de los protagonistas de la política del siglo XX, que le permite al lector discutir con el libro y con él mismo. Discutir en el sentido de plantearse hipótesis, analizarlas, descartarlas, aceptar algunos puntos, rechazar otros… En fin, utilizar de la manera más útil el valioso material que Scavino entrega en su relato político de este siglo: abriendo la propia reflexión para adentrarse en un mundo nada sencillo para comprender.

Scavino, mezcla la historia con los relatos políticos, de una manera que sugiere la polémica, que obliga a ejercer el pensamiento, con razones, con argumentos, con percepciones, con hipótesis, para que el lector inteligente se plantee el análisis de los discursos, de las acciones vinculadas a ellos, y de ciertas similitudes que no siempre son tantas, pero que implican un formato, una gramática, que los más enfrentados antagonistas adoptan por igual, para ganar seguidores que se sumen a una mística, una “épica”, que les otorgue unidad.
Dardo Scavino nació en 1964, estudió letras en la UBA, fue docente hasta 1993, cuando fijó su residencia en Francia. Escribió ensayos sobre literatura política y filosofía, y sus últimos libros son “Narraciones de la independencia” (Eterna Cadencia 2010), donde analiza la Revolución de Mayo y su siglo, y este último publicado en 2012, también por Eterna Cadencia, “Rebeldes y confabulados” (narraciones de la política argentina).
De entrada no más, Scavino nos cuenta que parte de una idea común a Nietzsche, Sorel y Antonio Gramsci: “las narraciones políticas constituyen al pueblo cuando cuentan su propia historia bajo la forma de una gesta popular. No hay pueblos, en efecto, sin narraciones; no hay pueblos, en resumidas cuentas, sin memoria.” Y dentro de ello, Scavino encuentra una gramática común. Su teoría es que indignarse, protestar, disentir, exhortar a las multitudes a sublevarse contra un orden, son reglas de una narración política aunque sus contenidos difieran.
Su análisis se inicia con José Ingenieros, un talento científico, político e intelectual, que en sus 48 años de vida pudo dirigir la clínica de enfermedades nerviosas de la Facultad de Medicina, trabajar en los archivos criminológicos de la Policía Federal y del servicio penitenciario, ser propulsor de la Reforma Universitaria y decano de la Facultad de Filosofía y Letras, además de abanderado del antiimperialismo, el socialismo, el comunismo y el anarquismo. Scavino lo sitúa como ejemplo de todos aquellos sectores que levantaban las banderas de la rebeldía, a veces con concepciones político filosóficas divergentes.
Hay una multiplicidad de luchas, dice Scavino, pero no todas tienen el mismo enemigo y hasta pueden llegar a enfrentarse entre ellas. Para que la unidad se concrete “es preciso que los diferentes grupos adhieran a un mismo relato o que cuenten (con) una misma historia”. Se trata de “la hegemonía de una de esas narraciones por sobre todas las demás”. Nietzche, la voluntad de poder, la voluntad de rebelión, la verdad dominante, están presentes en el texto, tanto como los pensadores de la antigüedad y los actuales.
En diversos capítulos Scavino analiza los discursos de Yrigoyen y la revolución radical, el anarquismo y los grupos armados de la Liga Patriótica anti obrera; Mao tse Tung y el Martín Fierro. En dos capítulos sin desperdicio analiza al Perón de “las clases sin lucha” y al de “la lucha sin clases”; en otro, los discursos de Eva Perón. El onganiato, los Montoneros y el ERP, son objeto de análisis, junto a Jorge Luis Borges, y los períodos de Alfonsín y de Menem.
Finalmente, ofrece otra versión de la supuesta pregunta paradojal, que Deleuze y Guatari le atribuyeron a Spinoza: “¿Por qué los hombres luchan por su servidumbre como si se tratara de su libertad?”, ante otra lectura, ya no como pregunta sino como una afirmación de Spinoza: “el gran secreto del régimen monárquico” consiste en “engañar a los hombres y colorear con el nombre de religión el temor con que los somete para que combatan  por su servidumbre como si se tratara de su salvación” y para que “no vean nada vergonzoso sino, por el contrario. Algo muy honorable en el hecho de verter su sangre y dar su vida para satisfacer la vanidad de un solo hombre”.
Acaso ése sea el poder del discurso hegemónico.
R.B.
Eterna cadencia
253 pág. $ 85

julio 20, 2012 Posted by | Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (112) por Roberto Brey

112


Más hispanoamericanos (3)


Los dos últimos escritores que consideramos en este período presentan rasgos diferentes, pero ambos comienzan a redondear una escritura original que confluye en relatos con ciertas características típicas del cuento, aunque todavía no ingresan en la categoría que supo definir Poe y que luego cerrará en hispanoamérica el uruguayo Horacio Quiroga.
 
José Eduardo Wilde (1844-1913, Bruselas, Bélgica). Nacido en el exilio familiar en Tupiza, Bolivia, formó parte de la llamada Generación del 80. Su abuelo, Santiago Spencer Wilde, fue un inmigrante inglés, su padre Diego William Wilde, un médico y militar argentino, y su tío, José Antonio Wilde, también fue médico y autor de “Buenos Aires desde 70 años atrás”, una aguda visión del Buenos Aires de principios de 1800.
 
Se recibió de médico en la Universidad de Buenos Aires en 1870, con una tesis premiada sobre El Hipo. Sin embargo, antes de recibirse interrumpió sus estudios para ayudar en la epidemia de cólera de 1867-1868 y para desempeñarse como cirujano del ejército en la Guerra del Paraguay.
En 1871 se destacó en la lucha contra la gran epidemia de fiebre amarilla declarada en Buenos Aires. Fue designado profesor en la UBA y Director del Departamento de Higiene y Obras de Salubridad de la Nación. Por esos años, publicó Lecciones de higiene y Lecciones de medicina legal y toxicología.
 
Afiliado al Partido Autonomista Nacional fue elegido dos veces diputado provincial y otras dos como diputado nacional. En 1882 el presidente Julio Argentino Roca lo designó Ministro de Justicia, Culto e Instrucción, y bajo su dirección se dictaron dos leyes decisivas de la organización institucional laica del país: ley de educación laica (inspirada en las recomendaciones de Domingo F. Sarmiento), y ley de matrimonio civil. Durante la presidencia de Miguel Juárez Celman se desempeñó como Ministro del Interior hasta 1890.
 
Integrante de la élite dirigente que acompañó la gestión de Roca, Wilde es, como Mansilla, como Cané, o como Lucio V. López, un típico escritor que va llevando a cabo su obra literaria en medio de otras ocupaciones. Pese a ello, sus obras completas abarcan casi veinte volúmenes. Al decir de Adolfo Prieto (Diccionario Básico de la Literatura Argentina) “la única de las obras de Wilde que pareció responder a una organización de ciertos alcances fue “Aguas abajo”, estructura novelesca apoyada en el uso de evidentes materiales autobiográficos”, inconclusa a la muerte del autor.
 
Sentido del humor, ruptura de la visión convencional, captación de sensaciones y una aguda visión de la cotidianidad, prestigian muchos de sus cuadros costumbristas, recogidos en “Tiempo perdido” (1878), “Prometeo y Cía.” (1899), “Por mares y tierras”, entre otros.
Tal vez el más famoso de sus relatos sea “Tini”, con marcada influencia de Dickens, al decir de Estrella Gutiérrez. “Lo escribí, dijo Wilde, para probarles a los mentecatos que sabía sentir; ellos lo ignoran”. Quiso ser original y lo logró, por lo menos frente a otros escritores de su tiempo.
Dos de sus escritos: “Los descamisados” y “La Nación” y su partido, se dan a conocer por la curiosidad de mantener alguna actualidad con ciertos personajes, sucesos y expresiones que se dieron durante el siglo XX y hasta estos días.
 
Para concluir vaya una perla de este médico y su tratamiento satírico de la poesía, tomado de un artículo crítico sobre el poeta Estanislao del Campo. Decía de los poetas: “A mi me inspiran compasión y cada vez que sé que una persona que aprecio hace bellos versos, me veo tentado a exclamar: ‘¡pobre, tan estimable por todo, pero poeta!’” Y en consecuencia, a Estanislao del Campo le predice que va a ser recordado sólo por su Fausto y le da un consejo, inspirado en Lord Byron del que opina: “es el menos repugnante de todos los poetas”.  Le pide que imite a Byron (“qué aumento el inglés con un sinnúmero de palabras y construcciones nuevas que inventó”), pero en castellano: “ríase de la Academia Española y trate como merece a esta pobre humanidad, de la que forma una mísera parte su amigo que lo compadece sinceramente, habiéndose llegado a convencer de que usted tiene el gravísimo inconveniente y la incomparable desgracia de ser poeta.” (20-05-1870)
 
La lluvia de Eduardo Wilde se puede leer en:
http://es.wikisource.org/wiki/La_lluvia_(Wilde)
Los descamisados en: http://es.wikisource.org/wiki/Los_descamisados
“La Nación” y su partido en:
http://es.wikisource.org/wiki/%22La_Naci%C3%B3n%22_y_su_partido
 
 
Ir al capítulo 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11/12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68  69  70  71  72  73 74  75  76  77  78  79  80  81  82  83  84  85  86  87  88  89  90  91 92  93  94  95  96  97  98  99  100  101  102  103  104  105  106  107  108  109  110  111

marzo 20, 2012 Posted by | Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (109) por Roberto Brey

109

Juana Manuela Gorriti (continuación)
 
En 1874 se estableció en Buenos Aires, donde se dedicó a recopilar e imprimir su producción y a escribir relatos autobiográficos, como el texto titulado “Lo íntimo”, editado luego de su muerte, en Buenos Aires, en 1892.
En 1879 regresa a Lima donde fallece su hija Mercedes. Entre 1880 y 1886 viaja entre Lima y Buenos Aires. En 1886, anciana y enferma regresó desde Buenos Aires a Salta en ferrocarril, acosada por el presentimiento de la muerte, para visitar los escenarios de su infancia.
Para muchos, precursora de la novela argentina, pues los cimientos de la actual están en la generación del 80, significó un siglo de avance por el sólo hecho de haber tenido que valerse por sí misma, en un mundo hostil e insensible a sus aspiraciones.
 
Justamente, es la estudiosa argentina Alicia Poderti, quien asegura: “La historia de la novela en Argentina se inicia con la publicación de su relato La Quena, en 1848”. En realidad, desde 1845, cuando la Revista de Lima publicó los primeros capítulos La quena, su primer relato de unas 60 páginas, siguió escribiendo casi sin interrupción).
Para Poderti: “La escritura de Juana Manuela Gorriti, innovadora del discurso femenino y el imaginario nacional, se va construyendo sobre su propia biografía, en la que se conjugan las incipientes historias nacionales de tres países: la Argentina andina, Bolivia y el Perú. En su producción es posible descubrir la forma en la que se creó un espacio femenino dentro de las comunidades de cada país, la historia de las representaciones nacionales formativas, el lugar de la literatura en las sociedades poscoloniales y la intimidad de las guerras independentistas, en las que a la mujer le cupo un lugar fundamental.”
 
Además de la novelesca vida de Juana Manuela Gorriti y su prolífica labor literaria, también es reconocida por su libro de cocina autóctona: “La cocina ecléctica”, reconocido no sólo por su valor gastronómico, sino también como aporte documental de recetas folclóricas argentinas, de otros países latinoamericanos y de la  cocina europea de su época. Una anécdota cuenta que las empanadas son llamadas en Bolivia “salteñas” debido a que como esposa del presidente boliviano Belzú difundió su preparación y consumo en ese país.
 
Otra estudiosa argentina, María Gabriela Mizraje, dice al respecto: “Cocina ecléctica (1890) puede recorrerse como pot-pourri de la memoria en que todo sucede hasta el hartazgo. Lugar donde probar lo local, otro mapa, un recorrido geográfico-gastronómico donde el plato puede funcionar como bandera, sinécdoque de la nacionalidad y excusa de las historias. Tradición de mujeres que (se) entregan (con) sus recetas. En Cocina ecléctica se guarda en verdad una receta literaria: cómo agotar las posibilidades de la femineidad en la escritura, la marca temática que constituye una decisión formal, lícita de imitaciones, como lo prueba Emilia Pardo Bazán.
 “La escritora del triunfo de la femineidad y los derechos de la mujer queda, sin embargo, inmersa en las contradicciones que su contexto le imprime. Demasiado romántica para ser estéticamente vanguardista, demasiado emancipada para resultar tradicional, Juana Manuela Gorriti corre y descorre a lo largo de sus textos los perfiles de la mujer que idealiza para las demás (virgen, esposa, madre).”
 
Y agrega describiendo la escritura toda de Gorriti: “si las recetas recorren una geografía heterodoxa y proceden de diferentes manos, el circuito de lecturas, tradiciones y apuestas que cruza las decisiones literarias de Gorriti reconoce, por lo menos, las filiaciones indígenas y española, lo gauchesco y lo norteamericano, los gustos de Paris, de Italia, de Alemania. Gorriti mezcla en citas y referencias, en emulaciones e inhumaciones estos derroteros textuales de la cultura universal que le han acercado el doctor general -su padre-, el canónigo, el coronel, el otro doctor, la biblioteca de los franciscanos; Juana Manuela no ignora a Poe ni a George Sand, a La Rochefoucald ni al canto quichua, a José Hernández, a Ricardo Palma o a Emile Zola. Mujer de su tiempo, intelectual al día del circuito posible por estos puertos del Atlántico, dedica, difunde, alude y construye tales cruces (…) Estuvo entrenada en crítica, en arte, en historia. Supo de las encrucijadas políticas y de las determinaciones económicas. Supo que la Bolsa de Comercio era una fagocitadora a la cual resultaba preciso temer (y esto lo entendió de manera absolutamente sagaz, moderna y previsora). Supo que el fin de siglo sacudiría las luces de toda la inmigración agazapada y que la inminencia política cambiaría algunos derroteros de la patria. Supo que el dandysmo achataba los méritos de la gesta patriótica de la Independencia y que los ponchos empezaban a caer allá donde se henchían las capas. Supo de la diferencia entre ser patricio terrateniente y ser aristócrata. Y supo, finalmente, que su apellido sufría un último destierro.”
 
José María Torres Caicedo (1830-1889), un colombiano que en 1863 prologó una edición de sus obras y que era un estudioso de la literatura argentina de entonces, la describe así: “Belleza de cuerpo, nobleza de sentimientos, elevación de ideas, bondad de corazón, prendas del alma, gracia en el decir y talento para contar; eso, más que eso, las decepciones y las lágrimas, forman la aureola que brilla sobre la inspirada frente de esta literata americana.”
 
De Juana Manuela Gorriti se puede leer “Quien escucha su mal oye”, en:
http://es.wikisource.org/wiki/Quien_escucha_su_mal_oye

“Una apuesta” en: http://es.wikisource.org/wiki/Una_apuesta

Las obras completas se pueden leer en: http://www.google.com.pe/books?id=DBqfgbR3keEC
 
Ir al capítulo 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11/12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68  69  70  71  72  73 74  75  76  77  78  79  80  81  82  83  84  85  86  87  88  89  90  91 92  93  94  95  96  97  98  99  100  101  102  103  104  105  106  107  108

febrero 24, 2012 Posted by | Uncategorized | , , , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (64) por Roberto Brey

64

El matadero

En 1838 Echeverría funda la “Joven Generación Argentina”, donde se reúnen los intelectuales que habían participado del “Salón literario” de Marcos Sastre, que había sido disuelto por Rosas. Allí se leen las “Palabras simbólicas” que se transformarían luego en el “Dogma socialista”. Allí escribe también “El matadero”, aunque sólo sería publicado muchos años después por José María Gutiérrez.

Para el crítico argentino Íber Verdugo (muerto en 1998) se trata de una obra de denuncia de la situación social y política, donde se critica un sistema y se asimila la descripción del horror de un matadero de esa época con la situación del país, y la muerte de las reses a lo que ocurría con los enemigos del régimen rosista. De alguna manera quiso mostrar a la clase culta (que él mismo integraba) sometida a las clases más bajas. Las descripciones son realistas, pero reduce la situación, para nada simple, a una lucha entre el bien y el mal, del héroe romántico frente a la turba ignorante, compuesta por diferentes tipos humanos a los que muestra despreciables. De alguna manera esa figura forma parte del ideal romántico. Pero como también dice Verdugo, es una visión “que mutila en parte la realidad, y en parte la deforma, porque se pone al servicio de un propósito de persuadir, de convencer, con el punto de vista del autor. Es en cierto sentido, literatura de propaganda”.

Manifiesto antirrosista, por supuesto, teniendo en cuenta la postura política de Echeverría, pero también, de acuerdo a su espíritu romántico y liberal, manifiesto contra el poder, como cuando dice: “…el caso es reducir al hombre a una máquina cuyo móvil principal no sea su voluntad sino la de la Iglesia y el gobierno. Quizá llegue el día en que sea prohibido respirar aire libre, pasearse y hasta conversar con un amigo, sin permiso de autoridad competente.”

Pero volvamos al cuento como tal, publicado recién en 1871 por Gutiérrez, quien dice en el prólogo: “Su indignación se manifiesta bajo la forma de la ironía. En una mirada descubre las afinidades que tienen todas las idolatrías, todos los fanatismos, y comienza por las escenas a que dan lugar los ritos cuaresmales, para descender por una pendiente natural que los mismos hechos establecen, hasta los asesinatos oficiales que son la consecuencia del fanatismo político inoculado en conciencias supersticiosas.”

En su “Historia de la literatura americana” (1958), el crítico francés Robert Bazín afirma que “El matadero” “es el primer cuento argentino”. Y agrega: “Echeverría abría el camino al realismo con una obra maestra. Los destazadores, las negras del arrabal, su lenguaje, la pintura de los tormentos del joven y de su muerte, definen un estilo vigoroso, audaz, que no retrocede ante el realismo lingüístico ni ante el realismo pintoresco. Es el camino que más tarde seguirá el cuento argentino.”

¿Por qué Echeverría no publicó “El matadero” junto con sus obras? Algunos creen que debido a la crudeza del relato y a la posible represión rosista, otros estiman que en realidad el escritor no sabía dónde ubicar una obra que, para ese momento, no respondía a los géneros en boga. Recuérdese que recién muchos años después se lo calificó como cuento, pero también se lo señala como relato de costumbres, alegato político, etc. ¿Es romántico o realista? ¿O en realidad está fuera de toda clasificación?

Carlos Mastrángelo (1911-1983), escritor, crítico y recopilador, en un prolijo análisis explicó por qué a su criterio “El matadero” no es un cuento. Él señala que sólo un fragmento puede considerarse ‘cuento’ y que todo lo demás es una mezcla de géneros (por lo menos de acuerdo a los cánones establecidos por autores como Poe u Horacio Quiroga). Y señala específicamente: “El matadero” se inicia “con una dilatada y pintoresca página muy sabrosa y muy bella, pero cuentísticamente fea y superflua.” Luego de referirse a la inundación, la Iglesia, la cuaresma, el gobierno y la Revolución de Mayo (alrededor de seis o siete páginas sobre un total aproximado de veinte), logra con la descripción de los corrales –en palabras de Mastrángelo- “una imagen maestra, reconocida unánimemente por críticos, ensayistas y cuentistas.” Todavía señala varias páginas (donde el episodio del escape del toro también podría considerarse casi como un cuento independiente), para concluir en las últimas seis con el episodio del apresamiento del unitario, que constituiría específicamente un cuento, con la salvedad, según Mastrángelo, del último párrafo (trece líneas), “afeantes e inútiles desde un criterio cuentístico”.

Mastrángelo –un especialista en el género cuento- no desmerece la obra (que se escribe en una época donde todavía no estaba definido plenamente el cuento como género), sino que no le otorga esa definición y lo ve como una mezcla de géneros, un ensayo en preparación o una novela inconclusa. Finalmente habrá que señalar que la definición última corre por cuenta y riesgo de cada lector.

Como síntesis se podría recordar que la poesía romántica de Echeverría se inscribe en lo americano con fuerte influencia europea, pero que se adelanta al romanticismo español. “El matadero” es el antecedente más cercano a un cuento en el sentido moderno y que su influencia intelectual fue muy grande, en particular con “El Dogma socialista” de inspiración sansimoniana, que influye en “Las bases” de Alberdi y en las ideas educativas de Sarmiento (entre otros) y se inscribe –al decir de Fermín Estrella Gutiérrez- en “el primer estudio social serio aparecido en el país”

El matadero de Esteban Echeverría, puede leerse en:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/echeve/matadero.htm

Ir al capítulo 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11/12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63

marzo 17, 2011 Posted by | Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario