Semanarioprensalibre's Blog

Just another WordPress.com weblog

El cuento: origen y desarrollo (45) por Roberto Brey

45

Los tejedores de Silesia

Tal vez la postura crítica y participativa de Heine frente a los acontecimientos de la vida que lo rodearon, se sintetice en una de sus poesías más radicales: “Los tejedores de Silesia”.

Alrededor del 1844, en plena época de la llamada “Revolución Industrial” en el centro de Europa, la expansión fabril era imparable, y junto con ella la explotación a la que eran sometidos los trabajadores, miembros de una clase nueva, el “proletariado”, que había nacido y se desarrollaba en la medida en que se afianzaba el capitalismo en el orbe. Todavía se estaba lejos de las luchas que en todo el mundo se desarrollarían con mayor fuerza en defensa de las ocho horas de trabajo y un trato humanitario a principios del siglo XX. Por la época de Heine los derechos laborales no existían y las jornadas eran de sol a sol, sin descanso ni consideración de ninguna especie.

En Alemania en particular, a medida que avanzaban las fábricas, crecía el número de obreros y los habitantes de las ciudades se multiplicaban. Sólo durante la juventud de Heine, por ejemplo, la población de Berlín creció en un 80 por ciento y el aumento mayor se dio en las industrias minera y textil. Por entonces, Alemania estaba sensiblemente menos desarrollada que Inglaterra y Francia, donde ya la industria había crecido, junto con el número de obreros y también su organización política. Al decir de Federico Engels (1820-1895): “La clase obrera alemana iba en el desarrollo social y político tan a la zaga de la clase obrera de Inglaterra y Francia como la burguesía alemana de la de estos dos países”.

En Alemania, por ejemplo, todavía era mayoritaria la población de trabajadores a domicilio -con respecto a los fabriles-, que todavía no habían roto con el trabajo del campo. Si los trabajadores fabriles trabajaban entre 14 y 16 horas y el pago era mínimo y a veces en mercaderías, la situación de los trabajadores domiciliarios era todavía peor. Recién en 1833 surge un grupo que trata de mejorar la situación de esclavitud con un nombre que lo dice todo: “La liga de los miserables”.

Ese clima de tremenda opresión y miseria dio como resultado insurrecciones, cuyo antecedente mayor fue el de la ciudad de Silesia, donde los tejedores no sólo eran explotados, sino que además debían pagar un impuesto al terrateniente por dejarlos tejer, entre otras obligaciones. Pero esta situación, si es posible, empeoraba con la llegada de nuevas y más avanzadas maquinarias, y eran cada vez más los casos de muerte por inanición. A comienzo de junio de 1844 la indignación estalló al fin, en una canción que se hizo popular: “El juicio sangriento”. Un obrero que la cantaba fue apaleado y detenido y los obreros del lugar fueron a pedir aumento de salarios al fabricante local. El patrón, soberbio e indignado los echó, pero debió huir raudamente a otro pueblo cuando los obreros reaccionaron quemando su casa y marchando a otras empresas vecinas.

El gobierno envió tropas, que en principio mataron 11 insurrectos y dejaron numerosos heridos. Pero los trabajadores aprendieron la lección, contraatacaron e hicieron huir a las tropas. Finalmente el gobierno envió varias unidades militares, con lo que hubo matanzas, detenciones y torturas. Ese episodio, considerado históricamente como el comienzo de la organización de los obreros alemanes, se desparramó como aceite por todo Alemania y recibió la adhesión de todos los trabajadores del país, con motines, huelgas y la consigna “Vivan los tejedores de Silesia”.

Fue allí que Heinrich Heine escribe su famosa canción, donde maldice al dios, al rey y a la patria y llama a enterrar a Alemania con el sudario que le tejían los trabajadores de Silesia:

Cartel para una obra de teatro inspirada en el texto (1897)

Die Schlesischen

Weber Im düstern Auge keine Träne

Sie sitzen am Webstuhl und fletschen die Zähne:

Deutschland, wir weben dein Leichentuch,

Wir weben hinein den dreifachen Fluch

– Wir weben, wir weben!

Ein Fluch dem Gotte, zu dem wir gebeten

In Winterskälte und Hungersnöten;

Wir haben vergebens gehofft und geharrt

– Wir weben, wir weben!

Ein Fluch dem König, dem König der Reichen,

Den unser Elend nicht konnte erweichen

Der den letzten Groschen von uns erpreßt

Und uns wie Hunde erschiessen läßt

– Wir weben, wir weben!

Ein Fluch dem falschen Vaterlande,

Wir nur gedeihen Schmach und Schande,

Wo jede Blume früh geknickt,

Wo Fäulnis und Moder den Wurm erquickt

– Wir weben, wir weben!

Das Schiffchen fliegt, der Webstuhl kracht,

Wir weben emsig Tag und Nacht

– Altdeutschland, wir weben dein Leichentuch,

Wir weben hinein den dreifachen Fluch,

Wir weben, wir weben!

Heinrich Heine

Los Tejedores de Silesia

Sin lágrima en el ceño duro

Están junto al telar y aprietan los dientes:

Alemania, tejemos tu sudario,

Y en él la triple maldición.

Tejemos, tejemos.

Maldito el ídolo al que impetramos

En fríos de invierno y angustias de hambre,

En vano creímos y le miramos,

Nos ha vendido, nos ha engañado.

Tejemos, tejemos.

Maldito el rey, el rey de los ricos,

Que no ablandó nuestra miseria,

Que nos arranca lo que sudamos,

Que como perros nos manda matar.

Tejemos, tejemos.

Maldita sea la patria falsa,

Para nosotros humillación, S

iega temprana de toda flor,

Festín podrido de los gusanos.

Tejemos, tejemos

Cruje el telar, la lanzadera vuela,

Siempre tejemos, de día y de noche,

Vieja Alemania, es tu sudario,

Y en él la triple maldición.

Tejemos, tejemos.

Traducción al español de Manuel Sacristán Luzón.

Ir al capítulo 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11/12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44

Anuncios

octubre 5, 2010 Posted by | Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (44) por Roberto Brey

44

Heine y la Joven Alemania

1830 es el comienzo de una nueva época en Europa Central. Luego del final de las guerras de liberación contra napoleón (1813-1815), se extiende la desilusión hacia la política restauradora. En muchos sectores intelectuales se ve a Francia y a las ideas que de allá provienen como el último refugio de la libertad. Algo similar sucedería en América Latina (con Esteban Echeverría y José María Gutiérrez en el Río de la Plata).

Las ideas liberales de la revolución del ‘30 en Francia se propagan en Alemania y la reacción controla a los sospechosos, que aparecen en todos los ámbitos.
En literatura surge el grupo de escritores de la Joven Alemania cuyos precursores serían Ludwig Börne (1786-1837), poeta y periodista que vive un tiempo en París y desde allí transmite el espíritu revolucionario previo a 1848. Por esos años publica sus “Cartas parisienses” (1830/33), donde documenta ese estado. El otro precursor, que guardaría sin embargo una eterna rivalidad con Börne, sería el gran poeta Heinrich Heine (1798-1856).

Por entonces, como vimos que ocurría en la Rusia zarista, al decir del crítico Alfredo Dorheim: “La literatura se transformó entonces en medio de renovación espiritual, luchando contra la reacción política, el romanticismo demasiado alejado de la vida real, y las convenciones morales rígidas mediante una orientación social reformista y una política revolucionaria y progresista liberal.” Ese movimiento fue madurando hacia 1848, cuando fracasó una nueva revolución democrática.

Heine, nacido en Dusseldorf, en una familia judía, entró pronto en contacto con el espíritu francés. En 1821 interrumpió los estudios y se radicó en Berlín para relacionarse con importantes figuras de la intelectualidad alemana. Estudió con los principales pensadores de su época, hasta con el filósofo Georg Wilhelm Friedrich Hegel en su juventud. Su carrera literaria lo convirtió en una de las figuras más brillantes de la poesía alemana. Su primer libro, “Poemas”, se publicó en 1822. De esa época es su famoso “Libro de canciones” , desarrolla también el género de los relatos de viaje (desde 1826); con un agudo sentido de la observación, con humorismo e ironía crítica, revela los abusos y la actitud moral y social de sus contemporáneos. En 1827 viajó a Inglaterra e Italia y finalmente, en 1831 se instala en París como corresponsal de la Gaceta de Augsburgo, y se convierte en el poeta lírico más grande de su época. Después de la prohibición de sus obras en Alemania, escribe sus mejores obras en Francia y se transforma en un ídolo para muchos de los jóvenes intelectuales de su patria. Allí escribió sus poemas satíricos, “Alemania, un cuento de invierno” y “Romancero” en 1851.

Cuadros de viaje (fragmento) “La vida y el mundo son el sueño de un dios ebrio, que escapa silencioso del banquete divino y se va a dormir a una estrella solitaria, ignorando que crea cuanto sueña… Y las imágenes de ese sueño se presentan, ahora con una abigarrada extravagancia, ahora armoniosas y razonables… La Ilíada, Platón, la batalla de Maratón, la Venus de Médicis, el Munster de Estrasburgo, la Revolución Francesa, Hegel, los barcos de vapor, son pensamientos desprendidos de ese largo sueño. Pero un día el dios despertará frotándose los ojos adormilados y sonreirá, y nuestro mundo se hundirá en la nada sin haber existido jamás.” (¿Algo de esto tomó Borges?)

En la década del treinta y adelante, llegó a ser tan popular que su editor enriqueció gracias a la venta de sus libros. Pero, como suele ocurrir en el ámbito del arte, los ingresos del creador fueron exiguos y debió recurrir al auxilio de su familia, y en cierto período del gobierno francés, para poder sobrevivir.

Fue simpatizante del saintsimonismo, y sus ideales socialistas le valieron múltiples persecuciones. Sus últimos ocho años de vida los pasó medio ciego y casi paralítico. Cuentan que poco antes de morir pronunció una de las más famosas frases que se le atribuyen: “Dios me perdonará: es su oficio.”

Heine “creó el lenguaje, el estilo y la técnica del moderno reportaje, abierto a la atmósfera del instante y a las impresiones subjetivas, elocuente con facilidad, tensión, ingenio y movimiento… La vivacidad y actualidad del reportaje lo hacían muy adecuado para una época en que la literatura aspiraba a seguir de cerca el movimiento del día, los conflictos de ideologías y partidos, la discontinua formación de una nueva forma del mundo… En Heine, incluso la polémica se convertía en obra de arte”. Esto opina el mencionado Fritz Martini en su “Historia de la literatura alemana”.

Como poeta que vivía la situación política y social de su época, frecuentó a los filósofos e intelectuales de su entorno. También escribió sobre literatura, y una “Historia de la literatura alemana” en 1833. Allí hace comentarios sobre algunos de sus contemporáneos.

De la fantasía de Tieck diría Heine: “…es una linda amazona que cabalga por el bosque encantado persiguiendo animales mitológicos, quién sabe si persiguiendo al singular unicornio, que solo se deja cazar por una doncella pura.” Advierte luego que en sus cuentos la fantasía va cediendo a la razón, sin dejar de lado la ironía, y elogia esa nueva actitud, aunque es crítico con ciertas vacilaciones y con lo que él considera su permanente imitación de Goethe.

Otro de sus elogiados es von Chamizo, de quien dice que le favorecen los cambios que observa, y lo reconoce como un hombre ligado a lo que él llama La nueva Alemania.

Se puede leer “Alemania, cuento de invierno y otras poesías”, con prólogo de Jorge Luis Borges y Alfredo Bauer en: http://www.elaleph.com/presenta_datos_pago.cfm?id=537422&identifica=970849&wgratuito=1

Ir al capítulo 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11/12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43

septiembre 28, 2010 Posted by | Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario

El cuento: origen y desarrollo (43) por Roberto Brey

43

El cuento en Alemania (continuación)

Hacia 1830

No es tarea fácil caracterizar a las distintas escuelas románticas de principios del siglo XIX. Alfredo Dornheim, por ejemplo, señala a Joseph von Eichendorff (1788-1857) como al representante máximo del romanticismo tardío, ya que iniciado en el movimiento a principios de siglo, prosigue su influencia hasta muy avanzado el siglo XIX. Por otra parte, señala a Adalbert Stifter (1781-1838) y a Eduard Mörike (1804-1875) como representantes del realismo poético, parte de una transición influenciada por la situación histórica y espiritual que se manifiesta a partir de 1830.

A Novalis (1772 -1801) -su nombre real era Georg Friedrich Philipp Freiherr von Hardenberg- se lo suele encuadrar dentro del primer Romanticismo. Escribió novelas, poemas y escritos teóricos, publicados a su muerte por Tieck.

Wilhelm Heinrich Wackenroder (1773 –1798), la muerte temprana sólo le dio tiempo de dejar una obra principal, Desahogos de un monje amante del arte (1796), y algunos ensayos publicados póstumamente por Tieck, Fantasías sobre el arte (1799).
A diferencia de Tieck, que practica cierto nihilismo, Wackenroder parte del misticismo. Considera al arte como un lenguaje cifrado de Dios, que representa “lo invisible en lo visible”, es decir, en la belleza.

Johann Ludwig Tieck (1773-1853). Hispanista, traductor de “El Quijote”, Tieck escribió cuentos, novelas y poesía. Estudioso de la literatura, fue a la biblioteca vaticana a descubrir antiguos manuscritos alemanes y estudió a Shakespeare en Londres. Fue fundador de la importante revista literaria Das Athenäum y editó obras antiguas y de escritores contemporáneos. Entre sus cuentos se destacan: Eckbert el rubio (1796) y La montaña de las runas (1802), basados en tradiciones folklóricas. “No despertéis a los muertos” está considerado uno de los primeros relatos sobre vampirismo en alemán.

Karl Gutzkow (1811-1878). Sus escritos críticos ejercieron influencia sobre el movimiento de la Joven Alemania. Escribió: “Cartas de un necio a una necia” (1832), con influencia de Börne y Heine, y su novela más importante: Wally la escéptica (1835).

Friedrich Heinrich Karl de la Motte Fouqué (1777-1843). De familia de militares, luego de haber abrazado la carrera y participado en batallas, se dedica a la literatura. Escribió algunas novelas de caballería en 1813, luchó de nuevo con el ejército prusiano contra Napoleón, y se sumó a los escritos patrióticos de la época. Entre 1810 y 1815 crece su popularidad y escribe novelas románticas y obras de teatro. La más importante, que inspiraría a los grandes autores del género terrorífico y por la que todavía se recuerda a su autor, fue Undine (Ondina), aparecida hacia 1811.

Karl Georg Büchner (1813-1837), más que nada dramaturgo, tal vez su obra hubiera sido muy importante de no haber muerto tan joven. A los 22 años publica su primera obra (La muerte de Danton), sobre la Revolución francesa y otras obras que se publican en revistas literarias. Su drama más famoso, Woyzeck, tiene la característica de ser la primera obra literaria en alemán con personajes de la clase trabajadora, cruelmente explotados. En realidad no alcanzó a terminarla, por lo que fue reconstruida y publicada después de su muerte. Es la base de la famosa ópera de Alban Berg (estrenada en 1925).
Una idea de su pensamiento se da en una carta escrita a Karl Gutzkow, donde afirma: “la lucha entre ricos y pobres es el único combate revolucionario en el mundo”.

Heinrich von Kleist (1777-1811) Nacido en el seno de una familia de militares, llevó hasta el final el nacionalismo alemán, entró al ejército a los 15 años y peleó en la guerra de liberación contra Napoleón. Después de abandonar el ejército, se dedicó a viajar y a escribir dramas, cuentos y novelas y fundó efímeras revistas literarias. En 1807 fue encarcelado por los franceses por supuestas actividades de espionaje.
Llegó a fundar un diario en 1809, el Berliner Abendblätter, donde criticaba la ocupación francesa, al que finalmente debió cerrar.
Acosado por deudas, y decepcionado por la indiferencia con que eran recibidas sus obras, decidió suicidarse junto a su compañera, Adolfine Vogel, enferma de un cáncer terminal, disparando primero contra ella y luego contra sí mismo. Pasarían muchos años hasta que sus obras, muchas de un fuerte pesimismo, fueran reconocidas por la crítica.

Blancanieves de los hermanos Grimm se puede leer en:
http://www.grimmstories.com/es/grimm_cuentos/blancanieves
Otro es “Los tres pelos del diablo”: http://www.grimmstories.com/es/grimm_cuentos/los_tres_pelos_de_oro_del_diablo
“El cuento del santo desnudo” de Wackenroder:
http://www.noteolvido.com/2009/10/el-cuento-del-santo-desnudo-wilhelm-heinrich-wackenroder/
“El terremoto en Chile” de Heinrich von Kleist:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ale/kleist/terremo.htm
“La mendiga de Locarno” de Heinrich von Kleist:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ale/kleist/mendiga.htm
“No despertéis a los muertos” de Johann Ludwig Tieck:
http://www.crowland.com.ar/textosbiblioteca/vampiros/nodesperteisalosmuertos.doc

Ir al capítulo 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11/12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42

septiembre 21, 2010 Posted by | Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario