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El cuento: origen y desarrollo (117) por Roberto Brey

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El Papel

Pero el pergamino también es vencido como antes había vencido al papiro, esta vez por el papel.
No es que el papel no existiera. Los chinos, adelantados en tantas cosas, dos mil años antes ya escribían en papel. Fibras de bambú, telas usadas, hierbas, servían para hacer una pulpa que se vertía en un molde en forma de rectángulo, se escurría el agua, se secaba al sol, luego se apilaban las hojas y se prensaba.
Los árabes se llevaron de China el secreto de la fabricación del papel por el año 700. Pero recién en el siglo XIII en Europa se montaron las primeras fábricas.
En Europa  se agregaron viejos trozos de tela de lino, se fue mejorando la calidad. Al mismo tiempo, cada vez eran más los que copiaban, al tiempo que aumentaba la cantidad de ilustrados, de escuelas y de universidades.
El papel produjo un cambio. Si antes el límite para la fabricación de libros era la dificultad para fabricar pergamino o papiro, la rapidez de la fabricación del papel ponía la traba en la lentitud de los copistas, por eso fue fundamental el invento de la máquina de imprimir. Gutemberg es uno de los inventores más conocidos, tal vez otros al mismo tiempo inventaron similares mecanismos (a mediados del siglo XV), pero él se hizo famoso. De allí, a las modernas maquinarias automáticas, pasaron ya pocos siglos.
Mientras tanto, cuando parecía que no alcanzarían los trapos para fabricar tanto papel, se descubre la posibilidad de fabricarlo a partir de la madera.
Claro que si la escritura existió, aún antes de la creación de los primeros alfabetos más de mil años antes de nuestra era, es cierto también que la literatura como tal, o sea la pretensión de dejar algo más que un testimonio contable o una anécdota o conocimiento puntual -el deseo de embarcar la palabra en un juego que pretendiera una creatividad diferente, un valor estético o espiritual-, tiene una génesis mucho más cercana y fue el propio occidente quien se preocupó por sistematizar y fijar leyes que determinaron, hasta cierto punto, la categorización de lo escrito como “literatura”, en su nivel más cercano a lo artístico.
Desde este lado del mundo hubo muchos que intentaron rescatar tradiciones y producciones orientales, aunque con resultados diversos y fragmentarios. Aquí intentaremos dar un rápido panorama sobre los orígenes literarios en oriente, particularmente aquellos referidos al relato corto.
El cuento popular
El cuento como compañero del hombre, y esa imagen de la ronda junto al fuego y la atención al relato es algo que todos reconocen. Esos cuentos anónimos dieron origen a la literatura moderna, pero formando parte de una necesidad humana, no como mero desafío mental. En ese lapso que va de los 4.000 años hasta los 1.000 antes de Cristo, tal vez se consolidó el formato de todos los relatos posteriores, aun con los cambios, agregados y variantes que se fueron dando con el correr de los siglos.
Para qué el cuento, uno se pregunta. Propósitos didácticos, dramáticos, moralizadores, hedonísticos, trasmisores de la cultura de una determinada sociedad; suelen adaptase a las épocas, a los lugares y a las circunstancias, y se basan en los principios fundamentales de la constitución humana. Más allá de las épocas hay un rescate de la esencia del hombre. El egoísmo que aflora cuando  advierte la posibilidad de obtener alguna ventaja, el amor que arrasa el corazón y la mente y nubla el entendimiento; el orgullo, la venganza, el odio, la desconfianza, son solamente una parte sustancial del carácter humano, que se producen quizá en toda época, ámbito o circunstancia. Es por eso acaso que el éxito del cuento es inacabable y perenne, porque remite a las características más comunes o enigmáticas, pero permanentes del carácter humano… Impulsos subconscientes, deseos reprimidos, fantasías subyacentes.
El crítico Jorge B. Rivera (1935-2004) cita a un especialista como el italiano Rua: “un cuento bien construido, que entre a formar parte del patrimonio literario del pueblo, puede conservarse por mucho tiempo mediante la tradición oral sin experimentar graves alteraciones”; y la filóloga argentina María Rosa Lida (1910-1962), sostiene algo semejante cuando afirma: “buena parte de los cuentos que han recibido redacción artística pertenecían ya al pueblo y continuaron viviendo en él independientemente de su formulación literaria.”
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abril 27, 2012 - Posted by | Uncategorized | , , , ,

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